20
Feb

El círculo de Larrea se desmorona

(Remitido por Rubén Darío buitrón)

El ex ministro de Gobierno y de Seguridad Interna, Gustavo Larrea, pierde espacio en Alianza País. Él fue uno de los fundadores de este movimiento junto con el presidente Rafael Correa; el ex presidente de la Constituyente, Alberto Acosta, y el ministro de Coordinación Política, Ricardo Patiño.

Una muestra de esta realidad es que ninguno de los candidatos a asambleístas nacionales es cercano a su círculo. Hasta la semana anterior, él debía ocupar el tercer casillero, pero, a raíz de los problemas surgidos con su ex asesor Ignacio Chauvín, se vio obligado a declinar su postulación. Ese cupo fue ocupado por el ex ministro Fernando Bustamante.

En los círculos de Alianza País se comentaba, hasta antes de que estalle el 'caso Ostaiza' que la pretensión del ex titular de la Asociación Latinoamericana de Derechos Humanos era ser el asambleísta más votado y así llegar a la presidencia de la Asamblea.

En la lista de representantes de Pichincha también ocurre algo similar. Manuel Pérez y María José Carrión, ex constituyente e hija del ex precandidato a prefecto Patricio Carrión, quedaron relegados a los puestos octavo y noveno, respectivamente, en la lista de 13 postulantes.

Su ex asesor, Andrés Valdiviezo, fue descartado de la lista de candidatos definitivos. Lo mismo ocurrió con la ex constituyente Rosa Elena de la Torre.

César Rodríguez, primer vicepresidente del 'Congresillo' es el tercer candidato de la lista de Pichincha. Sin embargo, una fuente de esa agrupación política confirmó que Rodríguez y Larrea, ambos ex militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), se distanciaron después de que concluyó el trabajo de la Constituyente.

Larrea en la última semana prefirió permanecer en silencio. Después del lunes por la tarde, cuando anunció que declinaba de su candidatura, no ha vuelto a aparecer en público.

El miércoles, cuando el presidente Rafael Correa inscribió su candidatura en el Consejo Nacional Electoral, se le vio distante del Primer Mandatario. Eso ocurre pese a que al retirar su candidatura aseguró que recorrerá las 24 provincias para reforzar la campaña de Correa.

Dentro de la lista 35 hay descontento porque no se respetaron los resultados de las elecciones primarias. Patricia Ruiz, concejala de Quito por la ID y pariente del asambleísta Jaime Ruiz, protestó porque no constó en la lista de candidatos a concejales, pese a que fue la segunda más votada.

Ella fue de la lista de precandidatos a concejales auspiciados por Galo Chiriboga, quien fue descalificado por hacer denuncias en contra del proceso. En su lugar ingresó Norman Wray, cercano a Augusto Barrera, quien en las primarias se postuló a asambleísta por Pichincha.

Fuente: Diario El Comercio


9
Feb

Rubén Darío Buitrón: Asesinato de imagen

rubendariobuitron¿Asesinato de imagen? El ex Ministro, antes de abandonar su cargo, se declaró víctima en un proceso que, según él, “se llama asesinato de imagen y es parte de la comunicación moderna”.

Se nota que el ex Ministro conoce de filología y lingüística. Y que, también, conoce cómo se ejecutan en el terreno ese tipo de categorías semánticas. Y que, además, en el despacho desde donde ejercía sus funciones seguramente manejaba con soltura ese tipo de mecanismos.

Asesinar una imagen es una herramienta que se basa en estrategias diseñadas para golpear la reputación de una institución, un funcionario o un ciudadano.

En las campañas electorales, donde los valores morales solo sirven para la demagogia, aquella estrategia suele funcionar muy bien: en tanto se desprestigia al adversario suben los bonos de quien, desde la sombra, auspicia el descrédito y la descalificación.

¿Es posible asesinar una imagen desde los medios de comunicación? Sí, lo es. Si los periodistas no trabajamos bajo el rigor de la ética, el respeto y el apego a los principios filosóficos y democráticos, una imagen puede quedar enterrada para siempre.

Pero esa ofensiva comunicacional no solamente se puede ejecutar desde la prensa. Un líder también puede hacerlo, y con mayor eficacia si se trata de un político o un régimen con altos niveles de credibilidad.

El Gobierno del presidente Rafael Correa ha intentado ser contundente en sus asesinatos de imagen. Con el apoyo de una millonaria y sistemática campaña que incluye una omnipresencia múltiple y permanente en todos los espacios mediáticos, ha venido liquidando uno por uno a quienes, según esa estrategia, obstaculizaban o bloqueaban su proyecto de posicionamiento.

Aquellas tácticas -es fácil descifrarlas- se basan en dos etapas: la primera, golpear intensamente la reputación y la credibilidad del adversario; la segunda, posicionarse en el imaginario social como la única alternativa para cambiar una realidad oprobiosa e injusta de la cual, presuntamente, son cómplices todos aquellos a los que se fustiga, ataca y, finalmente, liquida. No hay matices: la clave es generalizar.

Las técnicas más sofisticadas para asesinar imágenes suelen tener objetivos que desbordan la coyuntura. Por eso, el resultado más rotundo se obtiene cuando se borra de la escena pública a todas aquellas personas, funcionarios o instituciones que impidan consolidar un proyecto específico donde otras personas, funcionarios o instituciones pretenden sacar ventaja de la ausencia de la imagen asesinada.

“Con la vara que mides serás medido”, solían repetir los abuelos para guiar nuestra conducta y nuestros principios. Y esa forma de medir se aplica tanto en la vida como en la política.

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