{"id":3561,"date":"2015-01-19T12:46:16","date_gmt":"2015-01-19T17:46:16","guid":{"rendered":"http:\/\/politicaysociedad.fbut.net\/?p=3561"},"modified":"2022-07-21T16:06:26","modified_gmt":"2022-07-21T21:06:26","slug":"la-medalla-alfonso-cuesta-y-cuesta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/politicaysociedad.com\/index.php\/2015\/01\/19\/la-medalla-alfonso-cuesta-y-cuesta\/","title":{"rendered":"La Medalla &#8211; Alfonso Cuesta y Cuesta"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_3562\" aria-describedby=\"caption-attachment-3562\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignnone\"><a href=\"https:\/\/politicaysociedad.com\/wp-content\/uploads\/2015\/01\/nino-indigena11.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-3562 size-medium\" src=\"https:\/\/politicaysociedad.com\/wp-content\/uploads\/2015\/01\/nino-indigena1-300x197.jpg\" alt=\"ni\u00f1o-indigena-ecuador\" width=\"300\" height=\"197\" srcset=\"https:\/\/politicaysociedad.com\/wp-content\/uploads\/2015\/01\/nino-indigena1-300x197.jpg 300w, https:\/\/politicaysociedad.com\/wp-content\/uploads\/2015\/01\/nino-indigena1.jpg 584w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-3562\" class=\"wp-caption-text\">Imagen tomada del blog:<br \/><a href=\"https:\/\/autoresdelalitaraturaecuatoriana.wordpress.com\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Autores de la Literatura Ecuatoriana<\/a><\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>LA MEDALLA<\/strong><\/p>\n<p>De Alfonso Cuesta y Cuesta (1)<\/p>\n<p><strong>OCTUBRE.<\/strong> Las aceras vecinas al caser\u00f3n de la Escuela de los Hermanos Cristianos, se desbordan de ni\u00f1os sonrosados. Tres meses de vivir a todo sol, remendando el cielo con cometas, los han cambiado: vuelven morenos, vivos, con tres dedos m\u00e1s de cuerpo y cosa rara\u2026con avidez de letras. Sin embargo, cuando al llegar a la esquina de la Escuela, oyen un sonido muy conocido para ellos, se demudan, tiemblan ligeramente\u2026 No es para menos: \u00a1Convertirse las t\u00f3rtolas en chascas!<br \/>\nY acortan el paso, indecisos.<\/p>\n<p>A la puerta del Instituto, grupos de padres de familia esperan el turno para presentar a sus hijos al Hermano Director. Uno de ellos ya no puede con su ni\u00f1o primerizo, como de siete a\u00f1os, que patalea y chilla, debati\u00e9ndose entre sus brazos. Cada hermano que pasa le asusta como un oso\u2026 y grita m\u00e1s. A su lado, otro ni\u00f1o siente los mismos miedos, pero no puede demostrarlos escandalosamente; para \u00e9l no habr\u00eda consuelos sino golpes: es el sirviente, indiecito arrancado de su choza en vacaciones. No grita, m\u00e1s un hilo de l\u00e1grimas resbala en sus mejillas, y cuando ve un Hermano, involuntariamente aferra su manecita al vestido del patr\u00f3n. Este ni lo mira, embravecido en consolar a su hijo:<\/p>\n<p>-Los Hermanitos son m\u00e1s buenos que las monjas\u2026 Tendr\u00e1s medallas de oro. Ser\u00e1s el monitor\u2026 \u00a1Pero calla!&#8230;Te he de hacer faltar cuando quieras\u2026 \u00a1Dan caramelos, estampas!&#8230;Calla, calla.<br \/>\nY hac\u00eda voz de madre.<\/p>\n<p>Al fin, les lleg\u00f3 el turno.<\/p>\n<p>Un Hermano rubio sali\u00f3 a recibirlos: Arrastrados m\u00e1s que andando, entraron los dos chicos a la sala. Cuando tras ellos se cerraron las puertas, hasta el indiecito dio gritos; pero, pronto se calmaron ambos al ver que nada les suced\u00eda, y contemplaban, asombrados, al oso convertido en un curita bueno que los acarici\u00f3 riendo y les dio un caramelo y una estampa.<br \/>\nLuego, ante una gran cubierta de libros manuscritos, el padre y el Director departieron.<\/p>\n<p>-Le traigo mi primog\u00e9nito-dijo el hombre-. Quiz\u00e1 se aplique. Es el mejor, \u00a1Viv\u00edsimo!. Si hace travesuras, me avisa\u2026<\/p>\n<p>-Muy bien-. Y dirigi\u00e9ndose al ni\u00f1o, el Superior pregunt\u00f3:<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo te llamas?<\/p>\n<p>-Yo\u2026 Juan \u2013dijo el chico, haci\u00e9ndose alfe\u00f1ique.<\/p>\n<p>-Que seas como \u00e9se-. Y quit\u00e1ndose el solideo, el Hermano indic\u00f3 en un \u00f3leo a San Juan Bautista de la Salle, cuyo rab\u00e1 semejaba el alma de los ni\u00f1os abrazados a su cuello.<\/p>\n<p>-\u00bfY este otro? \u2013continu\u00f3 el Director, aludiendo al cholito.<\/p>\n<p>-\u00a1Ah! \u2013 Contest\u00f3 el hombre-. Es un indio que he tra\u00eddo de la hacienda para que acompa\u00f1e al chico. Quiz\u00e1 aprenda siquiera a escribir su nombre\u2026<br \/>\n\u00a1Muy brutos son! Pero\u2026 \u00a1dele!: la letra con sangre entra.<\/p>\n<p>-No, no. Aqu\u00ed todos son lo mismo: ni\u00f1os.<br \/>\nY el maestro acarici\u00f3 al indio, cuya carita de gratitud sonri\u00f3 reflejada en las alas del cuello del religioso.<br \/>\nDespu\u00e9s, llam\u00f3 a un alumno grande y lo envi\u00f3 con ambos ni\u00f1os hacia adentro.<\/p>\n<p><strong><span style=\"line-height: 1.5em;\">Hora de recreo.\u00a0<\/span><\/strong><span style=\"line-height: 1.5em;\">El patio herv\u00eda, mesa de todos los juegos infantiles. Pronto acudieron chicos que en la ciudad eran vecinos del novato, y lo mezclaron en sus juegos.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>El indiecito qued\u00f3 solo. Aturdido en esa algarab\u00eda tan extra\u00f1a a \u00e9l, comenz\u00f3 a buscar un sitio retirado; pero, antes de encontrarlo, cay\u00f3 en manos de muchachos fisgones, que empezaron a silbarle y darle de golpes.<\/p>\n<p>-\u00a1Cocolo! \u00a1Cocolo! \u00a1Cholo cocolo!<br \/>\nAcurrucada, la v\u00edctima cubr\u00eda con sus brazos la desnudez de calabaza de su cr\u00e1neo.<br \/>\nDe pronto, los agresores contuvieron.<\/p>\n<p>-\u00a1El Hermano!<br \/>\nY trataron de huir.<\/p>\n<p>La voz del vigilante los detuvo.<\/p>\n<p>-\u00a1A la pared!<br \/>\nObedecieron en el acto, cabizbajos.<br \/>\nEl Hermano abraz\u00f3 al infeliz.<\/p>\n<p>-No llores\u2026Cuando te moleste, me avisas. Yo soy el Hermano Dionisio\u2026Veme!<br \/>\nY aquel viejecito, que en vez de coraz\u00f3n debe tener un rostro de ni\u00f1o que sonr\u00ede al ver otro ni\u00f1o, jugaba blanda y suavemente con las orejas del peque\u00f1uelo.<\/p>\n<p>-Yo soy el Hermano Dionisio, de la Octava\u2026<br \/>\nY tomando al ni\u00f1o por la mano, lo llev\u00f3 hasta el aula, a trav\u00e9s del patio enorme, siempre sonre\u00eddo, haciendo su bord\u00f3n del indiecito. A cada paso, conten\u00eda ri\u00f1as y \u2013viejo lebrel de Dios- salvaba un nuevo ni\u00f1o t\u00edmido.<br \/>\nEl sol doraba la cabeza de los p\u00e1rvulos, y el cuello vaporoso del anciano, ca\u00eddo hasta un jeme sobre el pecho: lengua jadeante de su alma.<br \/>\n<span style=\"line-height: 1.5em;\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p>Cuando aquel d\u00eda salieron los dos ni\u00f1os, Manuel Cuzco, el indiecito, tuvo pena. A la puerta, los esperaba el patr\u00f3n. \u00a1\u00c9l era tan distinto!<\/p>\n<p>-\u00a1Ya ves! \u2013dijo \u00e9ste a su mimado, cuando los vio venir, extendi\u00e9ndole los brazos- \u00bfNo te dije?&#8230; \u00bfY qu\u00e9 has hecho?.<\/p>\n<p>-Nada,\u2026 repasamos las min\u00fasculas.<\/p>\n<p>-\u00a1Muy bien! Ya vendr\u00e1n esas medallas\u2026<br \/>\nY ech\u00f3 a andar con la mano sobre el chico, mientras dec\u00eda a su sirviente:<br \/>\n&#8211; \u00a1S\u00edguenos! Cuidado con perderse\u2026<\/p>\n<p>Habr\u00eda, Manuel, querido quedarse \u00bfPero c\u00f3mo decirlo? Y resignado, fue tras ellos; mas, su coraz\u00f3n \u2013orejita roja de pellizcos. Quedaba latiendo entre los dedos del Hermano de la octava.<br \/>\nYa en la casa, le obligaron a quitarse el saco nuevo y le dieron la tarea de pelar montes, pues, en vacaciones, el patio se hab\u00eda so\u00f1ado campo y alargaba hacia el sol manzanillas y otras plantas, en apretado ramo.<br \/>\nEl chico acept\u00f3 el trabajo gustos\u00edsimo: Estaba en su elemento. Antes de empezarlo, fue con avidez hacia un ponchito rojo, del que le despojaron junto con sus largos cabellos de azabache, cuando vino. El poncho \u2013choza plegable- cobij\u00f3 sus hombros, cari\u00f1osamente. Despu\u00e9s, Manuel cubri\u00f3 su cabeza cruelmente afeitada, con el sombrero suyo, cucurucho de lana bruta, sin hilares, flor de reba\u00f1o, con que se abrigan los indios de la puna, y as\u00ed vestido, se dio la tarea con ardor, como cuando pelaba all\u00e1, en su chacra, la hierba de los cuyes.<br \/>\nDe repente, la voz agria de la patrona, cholejona enriquecida y cruel, hiri\u00f3 los t\u00edmpanos del Cuzco:<\/p>\n<p>-\u00a1Miren el longo de poncho, en plena casa decente! \u00a1S\u00e1quese! \u00a1Ya te ense\u00f1ar\u00e9 a vivir entre cristianos! \u00a1Venga ac\u00e1!.<br \/>\nEl cholito se acerc\u00f3 temblando.<\/p>\n<p>De uno como zarpazo, la patrona le despoj\u00f3 de las dos prendas agrestes.<br \/>\n-Ahora vas a ver lo que hago!<br \/>\nY tomando poncho y sombrero por las puntas, con asco, fuese hacia el traspatio de la casa, haciendo adelantar al infeliz, a empellones.<br \/>\nEn ese sitio, ard\u00eda una hoguera, devorando desperdicios.<br \/>\nAl verla, Manuel comprendi\u00f3 todo y se ech\u00f3 a llorar.<br \/>\nLa mujer lanz\u00f3 las prendas al fuego. El poncho cubri\u00f3 las llamas que se salieron hambrientas, por sus flancos. Levant\u00e1ronse, como para contemplar su presa. Cabrillearon un instante.<br \/>\nTuvieron pena\u2026 y se apagaron.<br \/>\nSobre el ponchito, casi intacto, rodaron los ojos del ni\u00f1o, triunfantes; mas, la cruel mujer, sac\u00f3 a lucir una caja de f\u00f3sforos, y se la entreg\u00f3.<\/p>\n<p>-\u00a1Me mostrar\u00e1s en cenizas poncho y sombreo! \u00a1He de ver!, el indiecito vacilaba.<\/p>\n<p>-\u00bfEntiendes? \u00a1Quema! \u2013 Y zarande\u00f3 al ni\u00f1o.<br \/>\nEste obedeci\u00f3 al fin, y pronto una gran llama, como fiera que \u00e9l mismo provocara, devor\u00f3 aquellos \u00faltimos recuerdos de su choza.<br \/>\nLloraba el cholito cantando, mientras crec\u00eda el fuego: su taita le hab\u00eda comprado aquel ponchito vendiendo el borrego murungu, y quemando carb\u00f3n en los cerros. Su madre hab\u00eda muerto cuando \u00e9l vino\u2026 \u201c\u00a1Mama ca viviera!\u201d\u2026<\/p>\n<p>-\u00a1Miren al Jerem\u00edas! Ahora s\u00ed, a sacar los montes.<br \/>\nY la patrona empuj\u00f3 al cholito, hasta el primer patio.<\/p>\n<p>-Ha de quedar rapado como tu cabeza, y si no\u2026 \u00a1Hoy vas a conocerme!<br \/>\nHumildemente, el sirviente se puso al trabajo, trag\u00e1ndose las l\u00e1grimas, con fr\u00edo y sin esperanza en el saco, porque era nuevo, y no pod\u00eda usarlo sino al ir a clase.<br \/>\nLa escuela lleg\u00f3 a ser para el cholito algo como un castillo encantado a donde entraba saliendo del infierno. Esperaba con ans\u00edas las horas de ense\u00f1anza y temblaba cuando a su compa\u00f1ero, el patroncito mimado y caprichoso, se le ocurr\u00eda darse asueto, porque entonces tambi\u00e9n \u00e9l faltaba, pues que s\u00f3lo le enviaban para que cuide al ni\u00f1o.<\/p>\n<p>Estudiaba con pasi\u00f3n. Las noches, en un rinc\u00f3n de la cocina, aprovechando de la buj\u00eda a cuya lumbre una sirvienta tej\u00eda toquillas, Manuel se engolfaba en un viejo silabario. En cambio, su patr\u00f3n, cada d\u00eda a\u00f1oraba con m\u00e1s pena los cielos de la hacienda, reducidos, por culpa de octubre, a abecedarios\u2026 Las consecuencias no tardaron. Un d\u00eda, al salir de la Escuela, hermosa medalla brillaba sobre el coraz\u00f3n de Cuzco, mientras, a su lado, el patroncito, muy vac\u00edo, refunfu\u00f1aba ro\u00eddo por la envidia.<\/p>\n<p>Al llegar a casa, el indiecito no cab\u00eda en s\u00ed de gusto. Subi\u00f3 el primero la escalera, como nunca, a saltos\u2026\u00a1Quer\u00eda que lo viesen, que lo admirasen!. Y oprim\u00eda la medalla contra el pecho, como con miedo de que volara. \u00a1Era tan bella! Dorada, prendida a un lazo azul, azul de mar.<br \/>\nAl verlo, la patrona no pudo ahogar una exclamaci\u00f3n de sorpresa.<br \/>\n-\u00a1Que milagro!&#8230; \u00bfY el amito?<br \/>\n-Abajo est\u00e1, amita\u2026<br \/>\nLa mujer, convencida de que su hijo traer\u00eda mejor premio, lleg\u00f3se, emocionada, a la ventana.<\/p>\n<p>En el patio estaba el chico, cabizbajo.<\/p>\n<p>-Sube, hijito, sube-dijo la madre, notando el pecado. -No importa\u2026As\u00ed son estos frailes \u00a1Injustos, atrevidos!<\/p>\n<p>Y en seguida, dirigi\u00e9ndose a Manuel:<\/p>\n<p>-\u00a1Longo medalludo! \u00a1Ve el que saca la medalla! Qui\u00e9n sabe si no la has robado\u2026 \u00a1A barrer!<\/p>\n<p>El criado obedeci\u00f3.<\/p>\n<p>-\u00a1Sin leva! \u00a1Sin leva!- a\u00f1adi\u00f3, deteni\u00e9ndose.<\/p>\n<p>Y se\u00f1alando la medalla:<br \/>\n-\u00a1Deja tambi\u00e9n eso! Buena albarda te han puesto\u2026 Pero, ya voy a ver la casa sin una basurita. \u00a1Esto no es robar medallas!&#8230;<\/p>\n<p>Todo aquel d\u00eda, el galard\u00f3n del ni\u00f1o fue objeto de sangrientas burlas. Odio irresistible brot\u00f3 en el alma de aquella gente baja, al ver que un cholo sub\u00eda sobre el hijo de sus entra\u00f1as.<\/p>\n<p>En otra vez que lo vieron llegar condecorado, ya no s\u00f3lo se burlaron de \u00e9l, sino que le dieron l\u00e1tigo; pues el patroncito, envalentonado con los prejuicios y sinrazones de la madre, dec\u00eda: Yo lo he visto. El cholo le compr\u00f3 la medalla a un amigo con plata de pap\u00e1\u2026<br \/>\nLa mentira manifiesta era un pretexto para castigar al infeliz, pretextos que ocurr\u00edan a diario, como el de que era ocioso y sucio, el de que ca\u00eda el ni\u00f1o confiado a su cuidado, en fin\u2026 Un d\u00eda le quemaron los dedos: como no ten\u00eda pizarra, el cholito hab\u00eda pintado letras de carb\u00f3n en la cocina.<br \/>\nOtra ocasi\u00f3n le rompieron la cabeza: Una ma\u00f1ana en que, el padre de la casa se dirigi\u00f3 al guardarropa, para calarse traje negro, pues iba a funerales. Al tomar el vestido, lanz\u00f3 una exclamaci\u00f3n de furia: Ni un solo bot\u00f3n hab\u00eda en todo el terno. Cogi\u00f3 la prenda arruinada y fue en busca de los chicos. A la puerta, tropez\u00f3 con su hijo, quien, en ese preciso instante jugaba con el cuerpo del delito.<\/p>\n<p>-\u00bfQui\u00e9n ha hecho esto?- pregunt\u00f3, indicando las desgarraduras del chaquet. El muchacho con los botones en la mano, no tuvo qu\u00e9 decir, y rompi\u00f3 en llanto.<br \/>\nEse momento, pasaba Manuel, conduciendo un enorme cubo de agua. El hombre fue hacia \u00e9l, siniestro.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Otra vez har\u00e1s esto!<br \/>\n&#8211; Pero si yo no he hecho, amito.<br \/>\n&#8211; \u00a1Indio! \u00a1Es que, por jugar contigo, el ni\u00f1ito ha arrancado los botones!<br \/>\nY descarg\u00f3 un golpe salvaje.<\/p>\n<p>Temblando el indiecito se incorpor\u00f3 apenas, y al ver que el patr\u00f3n no continuaba, humildemente, volvi\u00f3 a levantar el balde enorme, y se alej\u00f3 tambaleante, sin chistar, con el mudo llanto de su raza, mientras una lengua de sangre \u2013germen de madre que todos llevamos en el coraz\u00f3n- lam\u00eda su cuello y sus d\u00e9biles hombros temblorosos.<br \/>\nPoco a poco, Manuel se iba consumiendo. Sus ojillos, antes vivos \u2013escribanos en la onda- se tornaron amarillos, y pronto, ataques espantosos lo llevaban rodando. Hasta el borde de la tumba. Y estudiaba como nunca. Todas las noches al fondo de la cocina, surgiendo de entre tiestos y basuras, aparec\u00eda en las manos del cholito un ladrillo poblado de may\u00fasculas hermosas. Y a pesar de esto, ya no llegaba con medalla nunca.<br \/>\nLos patrones, molestados por los ataques que se repet\u00edan con demasiada frecuencia, acudieron a un m\u00e9dico -\u00bfNo ha sufrido alg\u00fan golpe fuerte en la cabeza? \u2013pregunt\u00f3 el doctor al mirar en la nuca del enfermo una lacra l\u00edvida.<\/p>\n<p>-\u00a1Ah! S\u00ed \u2013contest\u00f3le el patr\u00f3n, algo turbado-. \u00a1S\u00ed\u2026muchos!&#8230; Es demasiado inquieto\u2026 Se sube a los \u00e1rboles\u2026 El otro d\u00eda por alcanzar una pelota, descendi\u00f3 del techo\u2026 Ah\u00ed est\u00e1 la lacra, \u00bfla ve?&#8230; \u00bfser\u00e1 por eso?<\/p>\n<p>-Por eso y qui\u00e9n sabe qu\u00e9 otras causas m\u00e1s\u2026 Tenga mucho cuidado. Si viene otro acceso no respondo.<\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.5em;\">Las recetas dejadas por el m\u00e9dico quedaron olvidadas, y poco despu\u00e9s, los verdugos no pensaban en que la vida del peque\u00f1o estaba en un hilo. Segu\u00edan tan crueles como antes.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana, llegando de la Escuela, Manuel entr\u00f3 tranquilo en la casa: no hab\u00eda hecho nada que pudiera motivar un castigo; adem\u00e1s, no le dol\u00eda la cabeza. Ni siquiera llegaba con medalla\u2026<br \/>\nY se puso al trabajo, el barrido de la casa, casi como un ni\u00f1o, ligeramente alegre.<br \/>\nBarr\u00eda, cuando la horrible voz surgi\u00f3 muy cerca de \u00e9l:<br \/>\n&#8211; \u00a1Ve el indio, si entiende! \u00a1Pero si es indio pues, indio! \u00bfNo te he dicho que te has de sacar la leva en cuanto llegues? \u00a1S\u00e1cate!. \u00bfNo entiendes?<\/p>\n<p>El muchacho lloraba, sin obedecer. La ira encendi\u00f3 a aquella arp\u00eda que fue con las u\u00f1as crispadas hacia su v\u00edctima.<\/p>\n<p>-\u00a1Mitayo, algo has hecho!&#8230;\u00a1Ya habr\u00e1s roto la camisa! \u00a1S\u00e1cate te digo!<\/p>\n<p>E iba ya ara\u00f1arle, cuando el indiecito, presa de convulsiones crueles, cay\u00f3 rodando entre las piedras. Era el ataque \u00bfSer\u00eda el \u00faltimo?&#8230;<\/p>\n<p>Pronto acudieron todos los patrones.<\/p>\n<p>El virus retorc\u00eda el cuerpecito flaco, exprimi\u00e9ndole la vida. Lo sujetaron. Qued\u00f3 inm\u00f3vil, los labios fijos en los patrones. Estos, ligeramente conmovidos, por ver si respiraba, desabrocharon el saco del cholito, que qued\u00f3 con su pecho descubierto. La verg\u00fcenza azot\u00f3 las caras de los verdugos:<\/p>\n<p>Una brillante medalla p\u00e9ndula en la cinta patria, estaba ah\u00ed escondida,\u2026 cubri\u00e9ndole el pechito tembloroso.<\/p>\n<p>&#8212;<\/p>\n<p>ALFONSO CUESTA Y CUESTA (Cuenca, 1912-1991).\u00a0Novelista y catedr\u00e1tico universitario ecuatoriano, escritor indigenista y de denuncia social. Buena parte de su vida transcurri\u00f3 en Venezuela. Integr\u00f3 el grupo Elan. La Direcci\u00f3n de Cultura del estado de M\u00e9rida y Conac, Venezuela, public\u00f3 en 1993 una antolog\u00eda de sus cuentos.<\/p>\n<p>NOTAS DEL EDITOR:<\/p>\n<p>Debe notarse que para el ind\u00edgena, el cabello largo era una distinci\u00f3n especial, propia de su raza. Los espa\u00f1oles, en la conquista, los rapaban con intenci\u00f3n, con el af\u00e1n de humillarlos profundamente.<\/p>\n<p>Texto tomado de <a href=\"http:\/\/www.taringa.net\/posts\/apuntes-y-monografias\/11063363\/Cuentos-sociales-la-medalla-alfonso-cuesta-y-cuesta.html\">Taringa<\/a>. El texto ha sido editado y corregido, revisando el original, publicado en Antolog\u00eda del Cuento Ecuatoriano, de Eugenia Viteri.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA MEDALLA De Alfonso Cuesta y Cuesta (1) OCTUBRE. Las aceras vecinas al caser\u00f3n de la Escuela de los Hermanos Cristianos, se desbordan de ni\u00f1os sonrosados. 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