{"id":1853,"date":"2009-06-06T22:31:00","date_gmt":"2009-06-07T03:31:00","guid":{"rendered":"http:\/\/unidadsiporelcambio.wordpress.com\/?p=1853"},"modified":"2009-06-06T22:31:00","modified_gmt":"2009-06-07T03:31:00","slug":"relatoluis-alberto-mendieta-la-pinta-ultima-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/politicaysociedad.com\/index.php\/2009\/06\/06\/relatoluis-alberto-mendieta-la-pinta-ultima-parte\/","title":{"rendered":"[Relato]Luis Alberto Mendieta: La Pint\u00e1, \u00daltima parte"},"content":{"rendered":"<p>La Pint\u00e1, escena final.<\/p>\n<figure id=\"attachment_1854\" aria-describedby=\"caption-attachment-1854\" style=\"width: 302px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-1854\" title=\"sirena1\" src=\"http:\/\/unidadsiporelcambio.files.wordpress.com\/2009\/06\/sirena1.jpg\" alt=\" \" width=\"302\" height=\"300\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-1854\" class=\"wp-caption-text\"> <\/figcaption><\/figure>\n<p>Mientras se acercaba al lugar escuch\u00f3 una canci\u00f3n dulce aunque algo triste, y comprendi\u00f3 de inmediato que Pinz\u00f3n la hab\u00eda compuesto en su honor.<\/p>\n<p>Alcanz\u00f3 a percibir Pinz\u00f3n mientras cantaba, aquella fragancia a canela de su primer encuentro y call\u00f3 de pronto. Mir\u00f3 hacia todos lados, dio varias zancadas hacia donde crey\u00f3 percibir el aroma y al encontrarse con ella de pronto, entrelaz\u00f3 sus manos con las de<em> su sirena<\/em> y la acerc\u00f3 hacia s\u00ed, emocionado.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Sirena! \u2013 Tr\u00e9mula la voz- \u00a1Cu\u00e1nto te he esperado, ni\u00f1a! \u00bfPor qu\u00e9 me has dejado cantando mi canci\u00f3n, solo, como un loco, tantos d\u00edas? \u00bfAl menos la escuchaste alguna noche all\u00e1, entre las olas?<\/p>\n<p>Su mirada reclamaba duramente, con mayor acento a\u00fan que las palabras.<\/p>\n<p>Ana\u00ecs contempl\u00f3 enternecida la ingenuidad del muchacho y luego de abrazarlo fugazmente, se lo llev\u00f3 hacia un rinc\u00f3n, donde acall\u00f3 sus reproches con besos apasionados y le entreg\u00f3 sin importarle las consecuencias, aquello que el negrero tan celosamente hab\u00eda protegido de cualquier var\u00f3n y de s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>En su br\u00edo de corcel impetuoso, en el vigor de toro enamorado que empe\u00f1\u00f3 al poseerla, en la sensible percepci\u00f3n de sus apetencias a la m\u00ednima inflexi\u00f3n corporal, al m\u00e1s escueto suspiro, hall\u00f3 Ana\u00ecs en Pinz\u00f3n al complemento que nunca volver\u00eda a encontrar en su vida.<br \/>\nAnte el infinito n\u00famero de los ojos del Dios de Pinz\u00f3n, parpadeando taciturnos como siempre, posey\u00f3 el hombre por primera vez en su vida a una mujer, creyendo que amaba a una sirena, sirena suya con sabor a canela y a sal.<\/p>\n<p>Hasta que el horror de pensar en su amo despierto puso en pie a la esclava, de regreso al lugar del que parti\u00f3, lament\u00e1ndose el no haber dicho su nombre ni preguntado a su amante el suyo y temiendo que jam\u00e1s podr\u00edan saberlo.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<p>Se encontraron a dos pasos de la puerta del camarote.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfD\u00f3nde has estado, mujer? \u2013 Acento casual, siniestro el solapado matiz de fondo. \u2013 Asi\u00f3 furiosamente su cabello, como quien sujeta las plumas de un escobajo, rumbo al camarote.<\/p>\n<p>Al entrar, lanz\u00f3se como un loco hacia ella y nom\u00e1s tenerla junto a s\u00ed, presinti\u00f3 lo que hab\u00eda ocurrido. Madrugada a\u00fan.<\/p>\n<p>Energ\u00fameno, la tir\u00f3 sobre la cama y luego de hacer jirones sus prendas hasta desnudarla totalmente, olfate\u00f3la como un furioso galgo all\u00ed, all\u00ed donde no deb\u00eda, y de rabia la posey\u00f3 hasta que el asco dijo basta.<\/p>\n<p>Al amanecer, consciente de que su negocio tom\u00f3 un giro inesperado, jur\u00f3se al menos desquitar la cuenta con la causa de su desgracia, sin atreverse a tocar a la esclava, por no acabar de estropear su mercanc\u00eda, pero jur\u00e1ndose mantener la cuenta pendiente.<\/p>\n<p>Empez\u00f3 por asesinar al capit\u00e1n de una pu\u00f1alada y a traici\u00f3n en cuanto se opuso a su designio de matar al infractor y luego de sobornar al navegante y a cuantos pudo, se convirti\u00f3 en Mayoral de alta mar.<\/p>\n<p>A la conmiseraci\u00f3n de los marinos ante su camarada y la ira por la muerte del capit\u00e1n, interpuso doblones de oro y hasta prometi\u00f3 esclavos, ofreciendo a\u00fan m\u00e1s a quien acusara al culpable de tener tratos con su esclava. La tripulaci\u00f3n miraba al sujeto como al lun\u00e1tico en que se convirti\u00f3, indecisa, mientras esperaba inquieta el d\u00eda de su llegada al puerto. Por la tarde, dos d\u00edas despu\u00e9s y ante el peligroso silencio de los marineros, reuni\u00f3 a todos y parado sobre el castillo de popa exclam\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Mil escudos por la cabeza del bellaco que viol\u00f3 a la negra! \u00a1Est\u00e1n aqu\u00ed, en esta bolsa!<\/p>\n<p>Y la abri\u00f3, dejando brillar a la vista de todos los presentes las monedas de oro. Luego introdujo una mano en ella y enterr\u00e1ndola entre las monedas, las sacaba a pu\u00f1ados que dejaba caer nuevamente en el talego. Repiti\u00f3 la operaci\u00f3n varias veces hasta evidenciar que efectivamente estaba repleta de monedas de oro, sin perder de vista los codiciosos ojos de la tripulaci\u00f3n, alucinada ante el espect\u00e1culo.<\/p>\n<p>Las lenguas de la mariner\u00eda acabaron por deslenguarse. Ataron de pies y manos a Pinz\u00f3n, lo entregaron y exigieron la recompensa. El bot\u00edn se reparti\u00f3 entre todos a partes iguales.<\/p>\n<p>El negrero, consecuente con el hecho de que en tierra su venganza ser\u00eda imposible, asesin\u00f3 a Pinz\u00f3n aprisa, empezando por descargar un terrible golpe en su cabeza, pese a que de cualquier modo estaba extenuado, luego de luchar contra toda la tripulaci\u00f3n para salvar su vida. \u00a0Quer\u00eda evitar esc\u00e1ndalos, en caso de que la tripulaci\u00f3n, en posesi\u00f3n del oro, se arrepintiera de haberlo entregado y volviera a rescatar a su compa\u00f1ero. Luego lo apu\u00f1al\u00f3 varias veces, un poco por asegurarse, y otro por bajo instinto. Finalmente lo arroj\u00f3 al mar como a un bulto, aprovechando que los marineros se encontraban atentos a la repartici\u00f3n del dinero.<\/p>\n<p>De inmediato hizo circular botellas de ron, no sin antes condimentar la bebida con ciertos polvos que tra\u00eda para ocasiones como \u00e9sta.<\/p>\n<p>Luego, fingiendo intensa pesadumbre, se puso a contar la historia de Ana\u00ecs a toda esa gente, que form\u00f3 un corro en torno suyo. Al finalizar, uno pregunt\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY qu\u00e9 hay de la ni\u00f1a? \u00bfA\u00fan pod\u00e9is ir a recogella, no?<br \/>\n&#8211; \u00a1Grand\u00edsimo foll\u00f3n! \u00bfEs qu\u00e9 tan duro tienes el colodrillo, que no os hac\u00e9is cargo de qui\u00e9n est\u00e1 hablando aqueste hombre? \u2013Respondi\u00f3 otro, agarrando por detr\u00e1s la gre\u00f1uda melena del primero-.<\/p>\n<p>Fue entonces cuando empez\u00f3 a surtir efecto el aderezo. El negrero tuvo alg\u00fan trabajo en recoger cada una de las relucientes monedas. La mayor\u00eda quedaron desparramadas en cubierta, y fueron las m\u00e1s f\u00e1ciles de recuperar; pero unas pocas costaron esfuerzo, pues fue menester arrancarlas de las manos de algunos, que a\u00fan en trance de muerte se negaban a liberarlas hasta el \u00faltimo aliento de vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Alcib\u00edades lleg\u00f3 a Lima con la novedad de que la peste negra hab\u00eda acabado con toda la mariner\u00eda y que de milagro hab\u00eda salido \u00e9l con vida. El due\u00f1o de la embarcaci\u00f3n y la Autoridad del puerto recibieron reporte de la penosa fiebre que mat\u00f3 al capit\u00e1n y a toda la tripulaci\u00f3n, hecho que oblig\u00f3 a la nao a permanecer en cuarentena en un punto alejado del puerto, junto con el negrero y sus esclavos, que milagrosamente, -advirtieron las autoridades, dejando para luego mayores averiguaciones- se salvaron de la peste. Declar\u00f3, col\u00e9rico al enterarse de su inevitable cautiverio, que en cuanto terminara la cuarentena, marchar\u00eda hacia el puerto de Guayaquil, y de all\u00ed a Quito,\u00a0 a vender a sus esclavos.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<figure id=\"attachment_1855\" aria-describedby=\"caption-attachment-1855\" style=\"width: 324px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-1855\" title=\"sirena_cofre\" src=\"http:\/\/politicaysociedad.com\/wp-content\/uploads\/2009\/06\/sirena_cofre.gif\" alt=\"sirena_cofre\" width=\"324\" height=\"267\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-1855\" class=\"wp-caption-text\"> <\/figcaption><\/figure>\n<p>Uno de los negros de Alcib\u00edades logr\u00f3 escapar una noche. Tuvo que nadar muy poco para llegar a la costa, y de all\u00ed pas\u00f3 a varios poblados de pescadores. Al llegar al \u00faltimo, se enter\u00f3 de una aldea de cimarrones que viv\u00eda en las estribaciones de ciertas monta\u00f1as, al sur, en el Ande, que aunque lejanas, eran seguro refugio para los esclavos fugitivos. Le obsequiaron los indianos pescadores algo de comer, compadecidos al verlo gris y macilento por el terror y el hambre prolongada. Luego le ofrecieron un jarro de aguardiente y a modo de agradecimiento, relat\u00f3 algo alucinado por los efectos del alcohol, la historia de un hombre que se enamor\u00f3 de una sirena y tuvo amores con ella; al punto cant\u00f3 la triste melod\u00eda que compuso el marinero en su honor, que se filtr\u00f3 aquella madrugada a las entra\u00f1as de la nao y lleg\u00f3 n\u00edtida a sus o\u00eddos, en mitad de la mar oc\u00e9ano.<\/p>\n<p>Finalmente a\u00f1adi\u00f3 de su parte que toda la tripulaci\u00f3n se hab\u00eda trastornado al escuchar que la Sirena repet\u00eda la canci\u00f3n de su novio, y asegur\u00f3 que todos se lanzaron al mar, en un ataque de locura, a excepci\u00f3n de los esclavos, \u00abporque estaban encerraos en la panza del nav\u00edo\u00bb.<\/p>\n<p>Pas\u00f3 all\u00ed la noche el cimarr\u00f3n, contando detalles de esta y otras historias hasta que la brisa marina enfri\u00f3 el ambiente y la luz de la fogata empez\u00f3 a languidecer. Los abor\u00edgenes se fueron a dormir en cuanto se qued\u00f3 dormido de borracho, porque no par\u00f3 de beber en toda la noche y ellos llenaban otra vez la jarra en cuanto se vaciaba, por re\u00edr sus ocurrencias o lamentar en silencio sus desdichas.<\/p>\n<p>Al alba, le despertaron los primeros rayos de un sol que atraves\u00f3 la bruma para pegarle en la cara, luego de haber despejado un poco de la cabeza el aguardiente de la noche anterior. Se despidi\u00f3 brevemente, haciendo un gesto con la mano a un par de ni\u00f1os que hab\u00edan salido a espiarlo, antes de internarse en la manigua, hacia el sur, en busca de libertad.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>La leyenda de Pinz\u00f3n y la Sirena lleg\u00f3 pronto a o\u00eddos de la gente de mar, por los pescadores, que llevaron la novedad a los puertos aleda\u00f1os. Y con ella la canci\u00f3n, dulce y apasionada, que a\u00fan cantan algunos marineros de Cartagena de Indias, Panam\u00e1 y otros puertos de las costas de lo que un d\u00eda se conoci\u00f3 como Tierra Firme.<\/p>\n<p>Cantan hasta caerse de borrachos, en alguna taberna cercana al puerto.<\/p>\n<p>Son los marineros viejos. Son ellos recordando con nostalgia, por el tierno acento de la melod\u00eda, sus lejanos amores de juventud.<\/p>\n<p>&#8212;<\/p>\n<p><a href=\"..\/?p=1678\">La Pint\u00e1, primera parte.<\/a><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/politicaysociedad.com\/relato-luis-alberto-mendieta-la-pinta-2a-parte\/\">La Pint\u00e1, segunda parte.<\/a><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/politicaysociedad.com\/relato-luis-alberto-mendieta-la-pinta-3ra-parte\/\">La Pint\u00e1, tercera parte.<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8230;\u00bb- \u00bfD\u00f3nde has estado, mujer? \u2013 Acento casual, siniestro el solapado matiz de fondo. \u2013 Asi\u00f3 furiosamente su cabello, como quien sujeta las plumas de un escobajo, rumbo al camarote.\u00bb&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11,18],"tags":[48,99,160,264,285,327,354,355,356,452,455,525,556,606,617,1002,1035,1051,1092,1131,1300,1339,1351,1423,1456,1461,1518,1550,1558,1629],"class_list":["post-1853","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-literatura","category-relato","tag-africa","tag-anais","tag-autores-ecuatorianos","tag-canela","tag-cartagena-de-indias","tag-cimarrones","tag-colodrillo","tag-colombia","tag-colon","tag-cuento","tag-cuentos-de-autores-ecuatorianos","tag-dios","tag-ecuador","tag-esclavismo","tag-espana","tag-la-pinta","tag-lima","tag-luis-alberto-mendieta","tag-marinero","tag-mestizaje","tag-panama","tag-peste-negra","tag-pinzon","tag-quito","tag-relato","tag-relatos-de-ecuatorianos","tag-sanctisima-concepcion","tag-siglo-dieciseis","tag-sirena","tag-tierra-firme"],"blocksy_meta":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/politicaysociedad.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1853","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/politicaysociedad.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/politicaysociedad.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/politicaysociedad.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/politicaysociedad.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1853"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/politicaysociedad.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1853\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/politicaysociedad.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1853"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/politicaysociedad.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1853"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/politicaysociedad.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1853"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}