{"id":1552,"date":"2009-03-31T21:33:34","date_gmt":"2009-04-01T02:33:34","guid":{"rendered":"http:\/\/unidadsiporelcambio.wordpress.com\/?p=1552"},"modified":"2009-03-31T21:33:34","modified_gmt":"2009-04-01T02:33:34","slug":"relato-luis-alberto-mendieta-la-nina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/politicaysociedad.com\/index.php\/2009\/03\/31\/relato-luis-alberto-mendieta-la-nina\/","title":{"rendered":"[Relato] Luis Alberto Mendieta: La Ni\u00f1a"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_1656\" aria-describedby=\"caption-attachment-1656\" style=\"width: 279px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-1656\" title=\"matthis_leonie-patio-colonial\" src=\"http:\/\/politicaysociedad.com\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/matthis_leonie-patio-colonial.jpg\" alt=\"Matthis Leonie - patio colonial\" width=\"279\" height=\"200\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-1656\" class=\"wp-caption-text\">Matthis Leonie - patio colonial<\/figcaption><\/figure>\n<p><span class=\"pt\"><strong>T<\/strong>odo el d\u00eda fue complicado. Dif\u00edcil describir el amasijo de sentimientos encontrados que ten\u00eda entonces. Era un enorme corro de chiquillos que rondaba el patio; padec\u00edan quiz\u00e1s todos la misma pobreza que yo, pero me repudiaban porque s\u00f3lo ten\u00eda a mi madre y ellos viv\u00edan con pap\u00e1 y mam\u00e1. Supongo que los comentarios de sus progenitores fueron la causa de tanta cruel indiferencia.<\/span><\/p>\n<p>El caso es que, cuando nos acerc\u00e1bamos a ellos y hablo en plural porque tambi\u00e9n pasaba con mis hermanos y hermanita, nos ignoraban como si fu\u00e9semos fantasmas. Ten\u00eda yo nueve m\u00e1s o menos, hermano mayor, y me dol\u00edan tan profundamente \u00e9sos desaires continuos, que se me quedaron para siempre adheridos como manchas en el coraz\u00f3n por el resto de la infancia y m\u00e1s.<\/p>\n<p>Era un veinticuatro de diciembre. Lo recuerdo porque aquella misma noche comimos pristi\u00f1os, un delicioso bocadillo que suele servirse en navidad aqu\u00ed. Lo excepcional fue el lugar donde lo hicimos.<\/p>\n<p>Luego de una infructuosa ma\u00f1ana de vanos intentos de acercamiento con mis vecinos, muchachos y muchachas bordeando mi edad, acert\u00f3 a llegar un grupo de gente. Eran algunos, no recuerdo con exactitud, parientes del due\u00f1o de la vecindad de patios enormes donde ocho familias compart\u00edan un espacio que a\u00fan siendo ni\u00f1o, comprend\u00eda que no era lo bastante grande para contener la enorme cantidad de prejuicios que manten\u00eda sumida en la desdicha a toda esa gente. Lo que s\u00ed recuerdo tan claro como una ma\u00f1ana de sol fue un par de ojos inquietos, grandes y oscuros. Aunque suene absurdo a alguien, me enamor\u00e9 por primera vez en ese instante. Nueve a\u00f1os. Pero en los ni\u00f1os es simplemente el reconocimiento de dos almas semejantes, algo que los adultos no siempre discernimos cuando pasa. Ella, era una ni\u00f1a de casta\u00f1as trenzas, me parece. S\u00f3lo recuerdo con nitidez su mirada dulce y apacible. Quiz\u00e1s tambi\u00e9n emerge vagamente del fondo de la memoria el perfil de su nariz, peque\u00f1a, atenta, como la de un conejo, aunque temo que los a\u00f1os difuminaron su apariencia en mi memoria.<\/p>\n<p>Andaba acompa\u00f1ado, como casi siempre, de un pariente algo mayor que sol\u00eda secundar mis lances hacia el grupo de muchachos de aquella vecindad. Para entonces mis hermanos estar\u00edan jugando en nuestro peque\u00f1o apartamento, como un perro olvida el hueso que sus amos le mezquinaron, olvidados ya de los desplantes de aquellos crueles muchachos.<\/p>\n<p>S\u00f3lo est\u00e1bamos el pariente aqu\u00e9l y yo. Luego de almorzar volvimos a la carga, pero el grupo \u00e9sta vez nos ignor\u00f3 hasta la humillaci\u00f3n, porque nos acercamos directamente hacia ellos y todos nos dieron la espalda. Pero la ni\u00f1a que conoc\u00ed temprano not\u00f3 el desaire y se acerc\u00f3 con su prima, hermana o algo as\u00ed, y nos alej\u00f3 del grupo. Hasta hoy me es imposible concebir la capacidad que tienen muchos ni\u00f1os de entender su entorno social y el de los adultos con tanta lucidez. Todos, ni\u00f1os y ni\u00f1as, nos contemplaban envidiosos, hasta que se aburrieron y volvieron a sus juegos.<\/p>\n<p>Nosotros, mientras tanto, empezamos a jugar al \u201cSapo\u201d, una caja como de metro y medio de alto con muchas ranuras circulares rodeando a un brillante batracio de bronce ubicado en el medio del tablero superior del artefacto. La idea era acertar a las hendiduras o a la boca del sapo, unas rodelas met\u00e1licas, cinco o seis, por turnos. Cuando atin\u00e1bamos a meter alguna de las rodelas, \u00e9sta ca\u00eda en una especie de buzones en cuya base estaba inscrito el puntaje del acierto. Por supuesto embocar en el hocico del sapo era lo ideal y ten\u00eda m\u00e1s valor.<\/p>\n<p>Luego jugamos a otras cosas y as\u00ed pas\u00f3 el tiempo hasta que lleg\u00f3 la medianoche. Mi pariente hizo igualmente buenas pulgas con la otra ni\u00f1a, de modo que cuando dieron las doce y el padre de mi amiga las llam\u00f3, no tuvo valor para separarnos, as\u00ed fue como nos unimos a su mesa para comer pristi\u00f1os, ba\u00f1ados en miel de ca\u00f1a moldeada, raspadura o panela, como se conoce en Ecuador. Y la navidad me sorprendi\u00f3 fuera de casa.<\/p>\n<figure id=\"attachment_1658\" aria-describedby=\"caption-attachment-1658\" style=\"width: 208px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-1658\" title=\"patiocolonial\" src=\"http:\/\/politicaysociedad.com\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/patiocolonial.jpg\" alt=\"--\" width=\"208\" height=\"275\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-1658\" class=\"wp-caption-text\">      <\/figcaption><\/figure>\n<p>Mientras com\u00edamos ya iba presintiendo yo que jam\u00e1s volver\u00eda a verla, tal como ella, que de rato en rato miraba hacia m\u00ed con tristeza, como quien mira un recuerdo del pasado, antes de rebasar el presente. Por \u00faltimo se acerc\u00f3 su padre y al notar nuestra actitud, con mal disimulada nostalgia orden\u00f3 que se despidieran de nosotros porque era muy tarde para todos, sin duda recordando alguna escena personal y la marcada diferencia de clases sociales de dos parejas de ni\u00f1os que no quer\u00edan entender de tan desagradables asuntos, propios de gente adulta. Ella me dijo adi\u00f3s tom\u00e1ndome de la mano mientras camin\u00e1bamos hacia el patio de atr\u00e1s, charlando de cosas que ya ni recuerdo. Luego nos escondimos detr\u00e1s de la sombra del arco que serv\u00eda de entrada al \u00faltimo patio, y en la penumbra me regal\u00f3 un beso apenas sonado en los labios, mientras sus mayores hablaban a voces all\u00e1 adelante, indiferentes al universo infantil que nunca, nunca, podr\u00edamos repetir en la adultez.<\/p>\n<p>Llor\u00e9 de rabia all\u00ed mismo en cuanto se fue, intentando de mala gana encaminarme hacia el refugio familiar. S\u00f3lo alcanc\u00e9 a o\u00edr a mi t\u00edo repetir en voz baja una y otra vez, como quien trata de fijar algo en su memoria, el apellido de las ni\u00f1as que conocimos ese d\u00eda en que me enamor\u00e9, como se enamoran los ni\u00f1os a esa edad.<\/p>\n<p>&#8212;<\/p>\n<p>Luis Alberto Mendieta (r) 2008<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8230;\u00bb Lo que s\u00ed recuerdo tan claro como una ma\u00f1ana de sol fue un par de ojos inquietos, grandes y oscuros. Aunque suene absurdo a alguien, me enamor\u00e9 por primera vez en ese instante. Nueve a\u00f1os. 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