19
Ene

El asesinato de Rafael Correa

"Entre el patriotismo y el fanatismo hay la misma diferencia que entre la luz que vivifica y el rayo que extermina".

Eloy Alfaro.

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Seamos realistas: la muerte de este hombre podría cambiar el futuro de millones de personas. Algunos dirán que para bien, y otros que con él se va una esperanza de cambio que a la fecha ha durado casi cuatro años.

Durante este tiempo, a despecho de los políticos “dinosaurios”, de los economistas agoreros del apocalipsis socialista y de una derecha caprichosa, que hace berrinche porque le quitaron su  juguete caro, el país va consolidando un modelo que si bien merece más atención en cuanto a la VERDADERA participación ciudadana en los diversos  estamentos de poder (la mayoría son pantomimas lamentables, porque las decisiones se toman en otro lado), ha mostrado ser eficaz en cuanto a obra pública se refiere, aunque necesita  aún mucha atención en la asignatura pendiente (sigue así algún tiempo ya) de la generación a gran escala de fuentes de empleo, quizá con un Plan Nacional de Desarrollo Laboral, y una estrategia macro para incentivar la producción a todo nivel, pero en especial potenciando nuestras fortalezas, como la producción agropecuaria, turismo, exportación de bienes y servicios artísticos y profesionales, entre otros. Hay que reconocer que cuatro años son poco tiempo para solucionar los GRAVES problemas que aquejan a nuestro país, heredados de administraciones anteriores.

Pero vamos al tema de fondo: ¿Qué pasaría si Correa muriese? Esto sin el más mínimo asomo de proponer de manera alguna un descabellado magnicidio.

¿Se acabaría la revolución, ciudadana, “forajidense” o como queramos llamarla? ¿Qué líderes se levantarían a partir de tal hecho, como posibles opciones de continuidad?

Está claro que nuestro Vicepresidente es una persona simpar y de un corazón enorme, pero el liderazgo necesario para asumir la responsabilidad de primer mandatario, continuar con el proyecto de país, y profundizarlo (algo que Correa casi con seguridad NO hará), requiere de una habilidad política REALMENTE especial… aunque nunca se sabe. Habría que barajar nombres y analizar el escenario. Ese es el motivo del presente análisis.

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Rafael Correa ha muerto: ¡Viva el Rey!

Más allá de la crónica roja, leer algo así en los titulares de prensa no solo causaría consternación en todos sus seguidores y seguidoras, sino con certeza una conmoción política de proporciones impredecibles.

Naturalmente, hay personas que se alegrarían con semejante noticia, en especial ciertos grupos “aristocráticos” de extrema derecha, y partidos de raigambre oportunista, como Sociedad Patriótica, cuyas vinculaciones con el imperialismo fueron evidentes ya en la  administración del coronel Gutiérrez, cuando él mismo se declaró “el mejor aliado de los Estados Unidos”.

Ahora, vayamos más allá del fallecimiento de un ser humano, lamentable sin duda en todos los casos, pero más aún en este, por sus implicaciones, para configurar un escenario figurado, invitando al lector a opinar sobre los que se le ocurran adicionalmente.

Pero antes de eso analicemos brevemente la Historia de nuestro país, para recordar algunos casos de líderes irremplazables, adjetivo utilizado sin sombra de ironía, por la simple razón de que ocurrió así realmente, para bien o para mal. Empecemos con alguien cuya muerte significó para el Ecuador una auténtica calamidad por las consecuencias que trajo.

Eloy Alfaro, en su lucha por dar continuidad a los vientos del liberalismo, debió usar todo lo que en aquella época era políticamente correcto, incluyendo las armas. Sus oponentes mientras tanto fueron creando desconfianza en el populacho, apoyados con efectividad desde el púlpito (sembrando miedos atávicos y fanatismo religioso), en una labor sostenida que duró varios años. La combinación de circunstancias adversas en el Congreso (por intereses creados, naturalmente), junto con una milicia cuyos oficiales estaban capitaneados por un traidor de oficio[1], Leonidas Plaza Gutiérrez, hombre  ávido de poder y fiel esbirro de la aristocracia, lo obligaron a dimitir en 1911. Alfaro cometió el error de perder control sobre ambos estamentos, pues el hecho de ser líder populista tiene el inconveniente de imposibilitar la articulación de planes con otros líderes de confianza, que sean fieles a la causa, y Plaza Gutiérrez demostró ya en 1890 que no era hombre fiable, al traicionar al presidente salvadoreño Carlos Ezeta, luego de recibir recomendación de Alfaro[2].

En resumen, sostengo que una de las razones decisivas de la terrible “Hoguera Bárbara” del 28 de enero de 1912, además de otras de carácter moral[3] y estratégico, fue la falta de líderes fieles (copartidarios leales a la causa)  que mantuvieran control sobre el congreso y la milicia.

La muerte de Alfaro, como sabemos, significó el final de una etapa progresista, claramente identificada en la historia de Ecuador como una época de prosperidad, de cambios positivos y profundos.

Desde mi visión, recalco, no se tejieron estructuras políticas internas (de partido, con nuevos líderes que emergieran como candidatos válidos  a Presidente), que consolidaran el liberalismo en las esferas de poder, con sus lugartenientes, en un proceso de largo aliento. La población tenía influencia en los procesos políticos, solo en caso de revuelta, y una acción eficaz implicaba el conquistar las esferas de poder, teniendo siempre a la mano a la muchedumbre, en caso de necesidad.

Jaime Roldós. El asesinato de Jaime Roldós implicó el matar en la cuna a la recién nacida democracia post-dictadura, a manos de un imperialismo con un proyecto político añejo, seguido a pie juntillas y radicalizado luego de la Segunda Guerra Mundial. En este caso, el líder no es tan importante como su circunstancia, pero su muerte da fe de que sus intenciones iban contra corriente. El mensaje del imperio fue claro: Aquí mandamos nosotros. Y así sucedió exactamente.

El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y los organismos multilaterales, liderados por el gobierno del Norte, lograron hacer alianzas (cuando no colocaron a sus hombres de confianza en el poder),  con políticos locales para llevar el país al precipicio económico, con fórmulas absurdas, impuestas rígidamente en toda América Latina, y rígidamente ejecutadas por sus procónsules, dígase León Febres Cordero, Sixto Durán Ballén y Jamil Mahahuad.

En este caso, como siempre, la debacle política se encuentra en la ausencia de estructuras políticas que obedezcan a los intereses del pueblo, y no al de sus élites, pero males endémicos en Ecuador son el celo y el egoísmo, que impiden mirar los talentos de sus pares como una vía a la superación conjunta, en lugar de una amenaza personal.

Velasco Ibarra. Debo reconocer que siempre me deslumbró el carisma de este hombre, su idealismo, su extensa cultura, sus inigualables talentos oratorios. Una de sus alocuciones tiene la semilla ideológica, el discurso que heredó de él un pueblo amargado por la sucesión interminable de gobiernos protervos.

Ya en la práctica, sus financistas se regodeaban en los talentos del líder, a sabiendas de que NINGUNO de sus ofrecimientos era viable, e incluso él mismo lo sabía, pero es que en realidad no era un político: fue un gran orador en busca de balcones donde demostrar su talento. Pero también fue ideólogo:

“Nuestra Revolución ecuatoriana, es una revolución eminentemente original. Nuestra Revolución, no amenaza atropellar a nadie, violar los legítimos derechos de nadie, impedir las iniciativas de nadie.

Exigimos, que todos los ecuatorianos, ricos y pobres, contribuyan con su esfuerzo, con su trabajo y con su persona, a procurar la práctica de la justicia para cada uno de los trabajadores del Ecuador”…

Audio original de una parte de ese discurso:

[audio:http://politicaysociedad.com/sonido/velasco_ibarra.mp3]

Si hubiera sido político, habría organizado estructuras partidarias que consoliden sus ideales, pero entre la fascinación por el poder (además de una especie de deidificación de su persona que le convenía mantener entre la gente), su propia negligencia y la naturaleza infame de muchos de los que le rodeaban, asumo que no encontró incluso las condiciones humanas para pensar en una auténtica revolución[4].

No estoy de acuerdo con quienes afirman que Velasco Ibarra era un simple populista sin otro objetivo que la búsqueda del poder. Muy acorde al estilo que tenemos los ecuatorianos de actuar, este hombre fue el reflejo de una sociedad mediocre, pícara y avergonzada de su origen, en búsqueda de pan para hoy, sin importar el día de mañana.

Ahora bien, si recordamos los fragmentos discursivos de las personas a las que se  extendió un micrófono durante la Rebelión de los Forajidos, escucharemos un discurso similar, que hablaba de una revolución pacífica, de una distribución más equitativa de la riqueza, con la participación de todos los ecuatorianos, o como se estila hoy: “de todos y todas”, queriendo decir en el fondo que es necesaria la unidad de voluntades y objetivos. El gobierno de Correa preconiza justamente estos conceptos[5], y aunque no deja de hallarse cierta falta de concordancia entre el discurso y los hechos, en la historia reciente no se había visto y sentido tan claramente un ambiente progresista como el actual.

CONCORDANCIAS ENTRE LA HISTORIA Y EL PRESENTE.

En todos los casos mencionados hay un factor común: EL POPULISMO[6], la fe irracional en UN SOLO líder, incestuosamente relacionada con la condición humana de éste, que cede a la tentación de sentirse irremplazable, único, hasta el punto de que sobre sus seguidores se cierne una suerte de maldición luego de su muerte.

Los lugartenientes del líder, conscientes de esta circunstancia, buscan “sacarle el jugo” al poder mientras gozan de él, a sabiendas de que durará un tiempo perentorio.

Por otro lado, y como primer caso, quienes rodean al líder  temen manifestar su liderazgo personal en busca de espacios que posibiliten visibilizarlo como sucesor, so pena de ser expulsados de este complejo (y viciado) ecosistema, porque el líder populista (así funciona el instinto humano), no admite que nadie pretenda pensar en un futuro sin él, ya sea que se pretenda dar continuidad al proceso, profundizarlo, o incluso revertirlo.

El otro caso es el que se ha visto siempre en Ecuador. Suelen tener éxito con él los traidores, indignos y todo aquél que juega sobre seguro, negociando con todas las partes en disputa, para ganar la partida. Manipula el poder desde adentro, mientras afuera conspira contra él si es necesario.

El problema es la falta de institucionalización del liderazgo, pero Ecuador al parecer aún no tiene la madurez política para ello.

La propuesta es razonablemente sencilla, aunque su aplicabilidad requiere tiempo. Consiste en crear instituciones de liderazgo social y político entre personas y colectivos urbanos, por un lado, y rurales por otro, financiadas por el Estado o por terceros. Estas escuelas serían de libre acceso, sin límite de edad ni sexo, con un pensum orientado a la Historia y Ciencias Políticas, inculcando la integración como objetivo crucial de todo proceso político, y reconociendo con agrado las habilidades de los más brillantes, como una herramienta adicional para la consecución de  objetivos nacionales. La finalidad de este proyecto es crear políticos profesionales, con marcos referenciales más universales.

Al concluir la formación, los alumnos/as deberían integrarse a los procesos políticos de su parroquia y/o provincia. Por otro lado, articularían la integración con líderes de otras escuelas, y juntos deberían emprender proyectos políticos de trascendencia nacional. El objetivo de fondo es crear liderazgos compartidos en pos de la consecución de objetivos nacionales, evitando a toda costa el populismo como instrumento político:

De vez en cuando emergen líderes que cambian al país por un tiempo, pero estos fallecen, caen en desgracia o son objeto de golpes de estado. Son seres excepcionales cuyos talentos brillan tan fuertemente, que alucinan a la multitud... hasta que caen. Luego vuelve a empezar el ciclo de políticos mercenarios y degradación política.

En el fondo está la mediocridad de una sociedad que no entiende esta anomalía (o no quiere entender, ya sea por astucia o porque carece de madurez política[7]), y cuya índole es  demasiado egoísta como para iniciar procesos políticos como el que acaba de proponerse.

Naturalmente los intereses personales son y serán siempre la motivación fundamental del ser humano, pero la responsabilidad compartida del poder implica mayor control sobre el presente y una distribución más equitativa del poder político.

ACTUALES FIGURAS POLÍTICAS CON OPCIONES DE OCUPAR EL SILLÓN PRESIDENCIAL.

Es interesante notar que dentro del mismo partido de gobierno, no se encuentran muchos ideólogos políticos de oficio, sino profesionales de diversas ramas dedicados a la política. Tampoco hay muchas personas opcionadas para suceder al actual presidente. Aunque el ascenso de cualquier partido o movimiento político, sin importar su orientación ideológica, atrae multitud de personas que llegan con el único fin de obtener beneficios personales, también hay quienes, al normal afán de superación, aúnan el deseo de construir procesos de cambio positivo.

Foto: Dolores Ochoa

Fernando Cordero Cueva se encuentra entre las personas que plegaron al proceso de la “Revolución Ciudadana”. Es antiguo militante del movimiento cuencano Nueva Ciudad, una suerte de extensión de Nuevo País, del periodista Freddy Ehlers. Gracias a este movimiento, creado por el mismo Cordero en 1996, pudo llegar a la alcaldía de Cuenca en ese año. El éxito logrado en su gestión como alcalde le proporcionó celebridad en todo el país, que pudo consolidar en la Asamblea Constituyente, y luego en la Asamblea Nacional, aunque siempre en un rol polémico, debido a su ciega anuencia a los designios de Rafael Correa. Por otro lado, posee el carisma suficiente como para enfrentar a opositores de la derecha, pero carece de habilidades oratorias notables, aunque hoy en día la gente tiende a desconfiar de los oradores grandilocuentes.

Cordero obtuvo nada menos que 598.075 votos[8] en apoyo a su candidatura como Asambleísta Nacional en las elecciones de 2009, lo que en términos de popularidad significa que cuenta con cierto respaldo nacional.

A manera de paréntesis, cabe mencionar que en las mismas elecciones, el entonces candidato a Asambleísta Nacional de Sociedad Patriótica, Gilmar Gutiérrez, ganó con 682.942 votos.

En definitiva, Fernando Cordero es uno de los hombres más influyentes del país, y puesto a pensar en una candidatura presidencial, no sin mucho esfuerzo, pero sin duda con voluntad, tiene serias posibilidades de ganar, en especial si razonamos sobre el indudable apoyo que Correa le facilitaría...

Alberto Acosta Espinosa es una voz cuya autoridad tiene un peso incuestionable en Ecuador, sobre todo debido a su estilo independiente y hasta contestatario, si se quiere, respecto al poder de turno. Sus conceptos respecto a su profesión de economista son muy respetados en la comunidad Latinoamericana, e incluso ha publicado varios trabajos con notables economistas de la región. Es importante mencionar todo esto, sin afán adulador, sino con el objetivo de mostrar a un hombre que ha construido una imagen personal de intelectual y patriota. Obtuvo 782,659 votos[9] en las elecciones para Asambleísta Nacional en la Constituyente.

Para muchos (incluido el Presidente), es catalogado como “ecologista infantil”, y es cuestionado por muchas personas por vivir alejado de la realidad nacional. Carece de habilidades oratorias, y no es la clase de persona que atraiga multitudes por su carisma y don de gentes.

Él mismo ha afirmado en repetidas ocasiones que no le interesa una candidatura a la presidencia de la nación, pero si se juntaran una serie de circunstancias, tendría posibilidades de ganar.

Del lado de la derecha, tanto Gilmar Gutiérrez y su hermano Lucio, como el periodista Carlos Vera, prefieren usar el ortodoxo estilo de la clase que representan, caracterizado por la calumnia, las verdades a medias, la prepotencia y el juego sucio. Vera tiene muy pocas posibilidades, sobre todo por su arrogancia y su carencia absoluta de un discurso sólido, propositivo.

En cambio los Gutiérrez tienen una base popular nada despreciable, al parecer obtenida por obras que realizó Lucio mientras ejerció como Presidente, especialmente en las provincias orientales de la República. Mucha gente humilde de todo el país se identifica con su aspecto físico de hombre del pueblo, y le da su apoyo, oculta detrás del biombo, al pie de la urna.

El hecho de que Gutiérrez haya logrado obtener 1.947.830 votos[9] en las últimas elecciones, dice claramente que hay procesos políticos inconclusos en Ecuador, y eso debería ser una voz de precaución, una luz amarilla para los movimientos de izquierda, que triunfalistamente asumen que tanto el PSP (Partido Sociedad Patriótica) como su máximo líder son cosa del pasado.

Con el antecedente previo, y concluidos los fríos análisis, que podrían  llegar a ser somníferos, podemos examinar mejor lo que ocurriría en el caso de que Rafael Correa falleciese.

ESCENARIO POSIBLE.

Sustitución del mandatario. Naturalmente sería remplazado por Lenin Moreno. Surge aquí una interrogante que en lo personal no logro discernir. ¿Sería Moreno una sorpresa inesperada, positiva por supuesto, para la “Revolución Ciudadana”? Considerando sus antecedentes políticos (en su momento apoyó a Rodrigo Borja de la Izquierda Democrática), es un individuo de izquierda, por lo que no cabría que “derechice” el gobierno. Por ser como es una persona que ha triunfado en luchas personales contra la adversidad, es probable que efectivamente sorprendiese. Sin embargo sus problemas de salud representan un serio inconveniente en cuanto a avanzar en el proceso. Lo peor que se puede esperar de él es que deje transcurrir el tiempo con pocos cambios, en espera de que sus compañeros de Alianza País orquesten una estrategia adecuada para enfrentar la siguiente contienda electoral. Su lealtad fue puesta a prueba el 30 de septiembre de 2010, durante la ominosa rebelión policial.

Mientras tanto la derecha intentaría aprovecharse de la circunstancia realmente grave de una revolución sin su máximo líder (el populismo de Correa pagaría factura en esas circunstancias, y nos tocaría sacar la billetera a los ecuatorianos), en busca de acuerdos para modificar el tablero político a su favor, sin duda utilizando las artimañas de siempre en medios de comunicación: el escándalo, el desprestigio y la demonización. Y ni hablar de la derecha camuflada actualmente en las filas de las Fuerzas Armadas…

Los lugartenientes actuales de Correa serían valiosos en tales circunstancias, por la experiencia e inestimable habilidad política alcanzada, pero la relación existente entre ellos y Moreno no parece ser tan sólida. El detalle importante entonces, sería que Moreno decida renovar su gabinete o dejarlo tal cual, asunto incómodo para quien pretende gobernar a su propia manera. Y más aún entre tanto infiltrado de la derecha.

La carencia de líderes reconocidos popularmente (como habría sido Alberto Acosta, por ejemplo, si él y Correa hubiesen venido de un proceso político conjunto), crearía un vacío que la derecha anda en busca de tapar con un candidato a su medida, y aunque Gutiérrez no es perfecto, es el mejor candidato del que disponen, pese a que en secreto lo desprecien por las mismas razones que la multitud lo estima. Su demonización es un paso que sin duda ha tenido un impacto considerable en la opinión pública, y aunque en buena parte aquello de lo que se le acusa es verdad, la gente hoy en día no cree en nadie: procura informarse bien, y luego emite su veredicto en las urnas.

La “Revolución Ciudadana”, como lo he dicho en anteriores ocasiones, no es un proceso privativo de Rafael Correa; más bien al contrario, él plegó al proceso, y este continuará con o sin su presencia porque es un fenómeno social histórico, y no depende de una persona o de un grupo, sino de la voluntad de todo un pueblo. El problema está en que esta pueda interrumpirse o posponerse debido a un manejo inadecuado.

El problema, más allá de la muerte o supervivencia (incluso política) de Correa, está en lo que ocurrirá en las próximas elecciones presidenciales: ¿Hasta cuándo Ecuador debe arrastrar el populismo como esperanza de desarrollo y cambios positivos? Mientras persista esta anomalía, el concepto de democracia seguirá siendo difuso para las multitudes, y la distribución equitativa de la riqueza el sueño de un perro.

CONCLUSIONES:

  • Las antiguas organizaciones clasistas están enfermas de mediocridad y corrupción; en consecuencia, hoy en día no existen procesos políticos institucionales urbanos en Ecuador, que empiecen desde abajo hacia arriba, de allí la propuesta de crear escuelas de Liderazgo Político. Las organizaciones campesinas han avanzado mucho, pero están empañadas por errores políticos y morales. Como el gobierno no va a trabajar en la formación de estructuras de liderazgo, las organizaciones sociales tienen la obligación histórica de hacerlo.
  • La profundización del proceso de cambio es un asunto que no conviene a la derecha ni al gobierno actual, por la simple razón de que se pretende contentar a la gente con obras, mientras se mantiene un discurso de apertura ilusorio, y en el fondo más bien se busca radicalizar el control político y dispersar la organización social.
  • La derecha, encadenada a sus prejuicios, su prepotencia y vanidad, no atina a pensar claramente, pero asimila que en Gutiérrez hay una brecha que puede serle útil para retomar el poder.
  • Las próximas elecciones presidenciales requieren un candidato que se apoye en el proceso actual de la “Revolución Ciudadana”, y a la vez tenga la voluntad inflexible de iniciar procesos políticos que articulen el poder efectivamente, democratizándolo. Sin duda tomará tiempo lograrlo, pero: ¿Existe tal candidato?

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[1] Plaza Gutiérrez cedió a Colombia, con el tratado Vernaza-Suárez, extensos territorios, a cambio únicamente, según consta en la fuente bibliográfica, de la palabra del gobierno colombiano de no apoyar a los antiplacistas. Se conoce que Plaza era natural de Colombia, pero llegó a ser Presidente del Ecuador gracias a un registro de bautismo falso.

[2] Wikipedia, respecto a la vida de Plaza Gutiérrez

[3] Una Capitulación suscrita no fue respetada, y Plaza Gutiérrez ordena la detención de Alfaro, irrespetando un acuerdo mediado por los cónsules de Gran Bretaña y EEUU.

[4] “¿Queréis revolución? ¡Hacedla primero en vuestras almas!”. Velasco Ibarra.

[5] Artículo en diario Hoy

[6] Vale la pena revisar un artículo en Wikipedia sobre la concepción del populismo

[7] Una frase que utilizó la derecha como una suerte de retorcido eslogan (me es imposible olvidarlo por la manera en que demuestra vanidad y prepotencia) en la época de la Constituyente fue << [señor Correa:] “el cambio no es por ahí”>>. El cambio propuesto era radicalizar el neoliberalismo, pese a que Joseph Stiglitz, economista Premio Nobel 2001, anunciara su muerte en 2009. El salvataje bancario por parte del gobierno norteamericano, luego de la explosión de la burbuja financiera norteamericana es en sí una contradicción con el principio de “libre mercado” (sin intervención del gobierno), lo que implica sin duda el final del capitalismo, tal como estaba conceptuado por EEUU. Para mayor información, recomiendo leer el siguiente artículo.

[8] Según datos que constan en el sitio Web del Consejo Nacional Electoral. La mayoría de votos a su favor no proviene de su provincia, como podría pensarse.

[9] Según el CNE

[10] De acuerdo al CNE. En esa misma elección, Correa obtuvo 3.586.439, de los cuales más de la mitad (1.806.382) fueron votos femeninos.

15
Jun

Juan Paz y Miño: Prensa libre

pazyminoLa prensa escrita nace con “Primicias de la Cultura de Quito” (1792). En el siglo XIX abundan los periódicos nacionales y provinciales. En ellos predominaban las cuestiones ideológicas y el enfrentamiento entre liberales y conservadores.

La prensa comercial surge prácticamente a inicios del siglo XX. La radio, desde los años veinte del pasado siglo. La televisión, desde los sesenta. El Internet tiene una década. De manera que cuando se retornó a la democracia en 1979, tras una década de dictaduras militares “petroleras”, el Ecuador contaba con un amplio aparato de medios de comunicación.

La sucesión de gobiernos constitucionales a partir de 1979 ha ido acompañada de la inevitable influencia política que adquirieron los medios de comunicación, más allá de la simple información, que se supone es lo que “la prensa” hace en forma exclusiva.

Debido a esa situación, las relaciones entre los gobiernos y “la prensa” ha seguido el rumbo de la propia dinamia del país. Nadie puede escapar a ello. Gracias a la prensa se pudo salvar el proceso de retorno al orden constitucional que el sector “golpista” del triunvirato militar (1976-1979) quiso impedir. La prensa ha jugado un papel importantísimo de información en todos los procesos electorales. Pero también se han producido alineaciones políticas expresas. Hubo medios perfectamente identificados con León Febres Cordero (1984-1988). Un periódico quiteño abiertamente se pronunció por el voto y el triunfo de Rodrigo Borja en la campaña (1988-1992). Sixto Durán Ballén (1992-1996) se quejaba de las “críticas infundadas” de la prensa. En las décadas de los ochenta y noventa, un amplio espectro de editorialistas y analistas de los más grandes medios, se volcaron a favor del modelo aperturista, las privatizaciones, la flexibilidad laboral y el retiro del Estado, que defendían como “modernización” deseable.

Desde 1979, no ha existido otra época más atentatoria contra la prensa nacional que la que se vivió bajo el gobierno de León Febres Cordero, con persecuciones, clausura de medios, atentados contra periodistas. Y el país vivió una época de temor, violaciones constitucionales y de derechos humanos. Hubo mucho silencio para denunciarlo.

La experiencia histórica de la fase constitucional debería servir a los ecuatorianos para reconocer que “la prensa” no es inocua. No permanece ajena a los acontecimientos. Y que se ha alineado a favor o en contra de los gobiernos sucedidos desde 1979, según los intereses económicos y sociales a los que los medios han respondido. Ha quedado bastante atrás la época de aquellos periodistas comprometidos, que hicieron de la buena información y el servicio al país, su causa de vida personal. La UNP y el Colegio de Periodistas tienen ejemplos ilustres sobre ello.

De manera que cuando se habla de “prensa libre” hay que tener cuidado. Porque es preciso defender toda prensa, cualquiera sea su óptica y posición. Pero eso no significa desconocer que hoy también existe prensa que toma partido y defiende causas privadas propias. La ciudadanía tiene derecho a exigir la responsabilidad de este tipo de prensa.

11
Jun

Luis Alberto Mendieta: El Proyecto Singapur, Última parte

En palabras de León Febres Cordero (+):

“Los perros runas, aunque se junten con leones, seguirán siendo perros runas” [1]

(León Febres Cordero refiriéndose a la relación social existente entre él y Alberto Dahik).

Un héroe en su laberinto

Líder en su laberinto

Es crucial notar que Febres Cordero se consideraba a sí mismo como “dueño del país”,  ante la cómplice anuencia[2] de la prensa nacional que lo adjetivaba muy suelta de letras de igual modo, corroborando un libreto añejo de la nobleza guayaquileña: controlar el país para ponerlo al servicio de sus ‘patricios’, dueños de poderosos intereses económicos, o declarándose abiertamente “independientes”. La repetición del guión fascista, pero en la Perla del Pacífico: Desprecio por el origen como regla natural de una sociedad domesticada entre telenovelas y actitud social de revista de vanidades.

Es luego de todos estos razonamientos que para mí el ‘Proyecto Singapur’ no parece tan brillante como podría parecer al principio a cualquier persona, y conste que no hablo de dejar que Guayaquil se convierta en un paizuelo en manos de un puñado de fanáticos racistas. Por otro lado, también está Manta, por ejemplo, que tiene tanto derecho como Guayaquil (¿o no?).

Los guayaquileños quieren ver mejor a su ciudad: quieren verla próspera y bella, pero depende de qué guayaquileños estemos hablando y cómo miremos esa prosperidad. Los aristócratas verán una ciudad cuyo centro colonial derrame oro por los cuatro puntos cardinales, y si alcanza para más allá del centro, pues enhorabuena para el resto, a condición de que el gobierno esté en sus manos. Es previsible y siempre ha ocurrido.

Sin embargo, luego de tantos años de un proceso de desarraigo de los valores culturales de la mayoría de la población, me queda la duda por saber si la buena fortuna cambiaría la situación social de Guayaquil, es decir la negación del origen, el egoísmo que parte de la "nobleza" y se ha enraizado en los ciudadanos sencillos, cuya autoestima depende de lo que puedan extraer de su bolsillo: mientras más tengas, más vales. Si no tienes nada, pues ya sabes… El origen está bien para los ‘nobles’, que los cholos nada tenemos que merezca recordar. ¿Y qué pasó con los valores espirituales? ¿Valdrá algo mi cultura? ¿Y dónde queda mi noble ancestro aborigen, dueño de una cosmovisión que hoy en día revoluciona las ciencias sociales, y eso que apenas empieza a analizarse?

Despedida al líder, al estilo conquistador español del siglo dieciséis.

Despedida al líder, al estilo conquistador español del siglo dieciséis, pero irónicamente en trajes de "cholos", en lugar de armaduras.

Guayaquil se quedó socialmente encadenado al siglo dieciséis.

¿Será que  el dinero hace mejores a las personas? ¿Será que con más dinero llegará la felicidad a cada rincón alejado de Guayaquil? (Al parecer ya todo el mundo olvidó los ingentes recursos que exigió a punta de carajos León Febres Cordero mientras fue alcalde, pero la periferia sigue hoy tan desatendida como entonces, una década más tarde, en manos de alguien de su mismo pelaje)

¿Y qué hay del Ecuador y su soberanía territorial? Finalmente: ¿Hacia dónde apunta el plan de los ‘aristócratas’ guayaquileños respecto a Ecuador como nación?

Viéndolo fríamente, esa es la historia de toda Latinoamérica. La diferencia clave está en un detalle muy importante: el fanatismo confabulado con un egoísmo rayano en el impulso vital de un cromagnon.

Empezaron por retirar el nombre del Aeropuerto (antes Simón Bolívar), para sustituirlo por José  Joaquín Olmedo, en mi opinión, en un acto de vandalismo histórico similar al protagonizado por otro de sus líderes: Juan José Illingworth. Es un mensaje preocupante el lanzado con tan desatinado (y hasta tenebroso) gesto. Y ahora quieren eliminar de su historia urbana el nombre de Bolívar, quitando el nombre al malecón Simón Bolívar, llamado así por el monumento erigido en su parte central, debido a la entrevista entre Bolívar y San Martín, ambos protagonistas de la independencia americana. Lo más curioso del asunto es que pretenden sustituir el nombre de un prohombre valeroso, que sacrificó hasta su vida por gran parte de Sudamérica, poniendo a cambio el de una persona prejuiciosa, cargada de defectos y cuyo mayor mérito fue cumplir con su deber de alcalde. ¿No será que en el fondo, los "aristócratas", pretenden erigir un monumento a sus inconfesables prejuicios, personificados en su líder natural, idéntico a ellos, pero con una megalomanía desmesurada como "virtud" adicional?

La humanidad, para recuperar su humanidad, debe concebirse desde una lógica alejada de la concepción europea del ser humano y del Capital como argumento de una sociedad egoísta y primitiva. Si alguna lucha debe desafiarse frontalmente y merece combatirse, es la lucha contra el demonio humano que habita en nuestra naturaleza, que persigue intereses tan alejados del mundo que habita, que es indigno incluso de llamarse “animal”, porque hasta los animales tienen claros los conceptos de solidaridad y fraternidad.

Hoy más que nunca, es necesario educar a la población guayaquileña, empezando por proporcionarle mejores oportunidades de vida, aplicando un marco social de distribución equitativa, mientras a la par se le hace reflexionar sobre su verdadero origen, no aquél ridículo que pretende un par de “historiadores” asalariados y fanáticos, como parte de un plan fascista, engendro de la “aristocracia” medieval guayaquileña.

Urge un programa de gobierno tendiente a integrar activamente a la población con el resto del país, por medio de negocios agroproductivos, enlaces sociales y culturales que desvirtúen los delirios fanáticos de poder de una clase decadente, reparando así los daños del vandalismo histórico fruto de un fanatismo intolerante: verdugo que pretende perpetuarse así en la mente de sus indefensas (por ignorancia, con libros de "historia" que no enseñan historia en absoluto) víctimas para tenerlas siempre a su servicio.

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[1] http://www.eltiempo.com.ec/noticias-opinion/584-lapidarias-frases. “Runa” es un término peyorativo que se refiere al indígena como una raza inferior, desde el punto de vista europeo. En su acepción kichwa originaria, significa simplemente ser humano.

[2] Como una patética muestra de servidumbre a León Febres Cordero y al "estilo de vida" norteamericano, los medios de prensa ecuatorianos se dieron en publicar titulares utilizando las iniciales del político ecuatoriano (LFC), como solía hacerse en Estados Unidos en la década de los sesenta, al referirse a John Fitzgerald Kennedy (JFK).

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Una canción muy a propósito del tema:

 

6
Jun

Juan Paz y Miño: Revisionismo histórico

pazyminoEl Bicentenario del inicio del proceso independentista del Ecuador, que arrancó con la Revolución del 10 de Agosto de 1809, ha despertado entusiasmo en el país y enorme interés entre los países latinoamericanos que también conmemoran sus bicentenarios entre 2009 y 2011.

En todos los países del “Grupo Bicentenario”, se han realizado reuniones no solo de las Comisiones nacionales, sino de académicos que dictan conferencias o mantienen encuentros para discutir sobre la independencia latinoamericana, tan compleja en expresiones históricas. La literatura que se produce en cada país es abundante. En Ecuador, obras como las que ha publicado el Ministerio de Cultura, el BCE, el FONSAL, la Academia Nacional de Historia, varias universidades y hasta historiadores individuales por sus propios méritos, continúan enriqueciendo los conocimientos sobre el tema.

En medio de esa significativa producción internacional, también ha surgido una corriente revisionista, que reinterpreta los procesos históricos sobre la base de la manipulación selectiva de los hechos y el uso de documentación fragmentada. Cualquier científico social sabe que cuando se obra con esa metodología, se puede probar lo que sea.

En el Ecuador, el revisionismo histórico se ha instalado entre un puñado de escritores aficionados. De acuerdo con su versión, el 10 de Agosto en Quito es un “mito”. Su gran “prueba” es que el Acta quiteña no menciona la palabra “independencia”, pero sí una expresa declaración de fidelidad al Rey Fernando VII. Olvidan que algo parecido ocurrió en otros países. Concluyen que solo la del 9 de Octubre de 1820 es la “única” y “verdadera” revolución de Independencia. Y otras cosas más: Guayaquil liberó al Ecuador y a Latinoamérica, Bolívar “usurpador” acabó con la independencia guayaquileña, etc. Así, procesos significativos de la historia toman un giro distinto y se tergiversan.

El revisionismo, que además asume una abierta posición regionalista, usa el “guayaquileñismo” con fines políticos, pues aquí la “investigación” se concentra en la historia de los patricios y elites dominantes de la ciudad, para justificar sus reivindicaciones actuales de autonomismo, separatismo e independencia. Sobre la base de esas ideas, ha sido fácil a la derecha política cambiar el nombre del aeropuerto o proponer un nuevo nombre para el malecón, renegando de la historia latinoamericana. Sale Simón Bolívar y entra el nombre del ex presidente y alcalde León Febres Cordero, a quien el Congreso Nacional solicitó su renuncia en 1987 por las violaciones sistemática a la Constitución y a los derechos humanos. ¡Qué ironías de la historia!

Pero más allá de la política, el revisionismo tiene la oportunidad de oro para discutir sus tesis en los dos congresos de historia que se han organizado en Quito con motivo del Bicentenario: el uno, mundial sobre las luchas anticoloniales; el otro, de las Academias de Historia. Tienen el espacio ideal para confrontar sus argumentos con los historiadores serios del mundo. ¿Será que alguien más, ajeno a su círculo, les creerá?

2
Mar

Juan Paz y Miño: Imaginación sociológica

pazymino“La imaginación sociológica” de C. Wright Mills (1961) es un viejo libro para estudios políticos. Se refiere a las capacidades para analizar las informaciones, desarrollar razones, comprender el escenario histórico. En el Ecuador, la “imaginación sociológica” parece que funciona al revés. Porque sorprende lo que se escucha y lee de aquellos académicos que parecen dejar atrás precisamente las consideraciones históricas.

Desde la década de los sesenta del pasado siglo, la ciencia social comenzó a tomar un auge inusitado en América Latina, y durante los setenta, hasta bien entrados los ochenta, lo que se producía en la región pasó a ser un referente mundial. Esa enorme literatura trató temas como los que inquietan al presente.

Desde luego, los contextos han variado. Pero hay ciertas bases teóricas que perduran, enriquecidas con lo contemporáneo. No se puede etiquetar como “populismo” a cualquier política que refuerza el papel del Estado, promueve el gasto social, orienta la economía con sentido popular, etc. El “populismo” solo explica un tipo de discurso y una forma de hacer la política. Nada más. Asombra que el concepto sea utilizado para análisis descontextualizados. Es comprensible su uso indiscriminado entre ciertos opinadores de radio, articulistas o revistas de “vanguardia”. En igual línea entra toda esa cantaleta sobre el “caudillismo”, el “neo-velasquismo” o el “líder carismático”, etc. y últimamente ese “análisis” tan “imaginativo” sobre la existencia de una especie de encantamiento, de hipnotismo colectivo, de mágica adherencia popular a un proyecto que dizque hace aguas. En esas líneas se critica a una “izquierda” que se la supone en el pasado, sin más. ¿Dónde está el análisis sobre el poder y las fuerzas en torno a él? ¿Cómo puede omitirse lo de fondo por privilegiar simplemente los fenómenos políticos de la superficie?

Hay sensibles errores gubernamentales. Desencantan. Pero decir que hay un “proyecto autoritario” en marcha resulta más que imaginativo. Porque las comparaciones se hacen sobre realidades históricas y no sobre ideales o supuestos. Y en Ecuador, desde 1979, lo de “autoritario” solo calza al gobierno de León Febres Cordero (1984-1988) y no ha habido repetición. Decir que se “destruye” la institucionalidad del Estado es no comprender que ello ocurrió durante los últimos veinticinco años neoliberales. Acusar a una democracia “sin partidos”, con control de “todas” las funciones, etc. es construir un objeto ideal y retórico, bueno para la oposición política, pero que no explica la realidad histórica del Ecuador.

Si se examina lo que la derecha política decía sobre el proceso de retorno al orden constitucional, sobre la Nueva Constitución y sobre el binomio Roldós-Hurtado cuando se inició la democracia ecuatoriana en 1979, se verá que, con lenguaje más “académico”, lo mismo se vuelve a repetir hoy. Y lo peor es que se institucionaliza como una politología a-histórica de derecha. Mucho tiempo ha pasado desde que el célebre Agustín Cueva criticó esa sociología meramente “institucional”.

19
Ene

Juan Paz y Miño: Deuda ilegítima: ayer y hoy (6)

pazyminoHasta los años cincuenta del siglo XX la deuda externa llegó a unos 68 millones de dólares. Pero todavía al iniciarse los sesentas, de acuerdo con la Junta de Planificación, la presencia del capital extranjero en el país era “irrelevante”, a pesar de que ya existían inversiones en el sector minero y bancario, en el banano (United Fruit), los primeros créditos del EXIMBANC, un convenio agrícola con los EEUU y el Ecuador se había incorporado al FMI (1945).

La de los sesenta fue la década “desarrollista”. Se dio prioridad a la industria, se hizo la reforma agraria y se ampliaron las instituciones y servicios estatales. Ese “estatismo”, que fomentó la empresa privada y modernizó al Ecuador, fue combatido por las cámaras empresariales como “comunismo”. Fue la década de la “guerra fría” sobre América Latina para contrarrestar a la Revolución Cubana (1959), con indudable influencia y penetración de las políticas norteamericanas no solo en los gobiernos de la región, sino en sus economías. Por entonces, eran las instituciones oficiales las que otorgaban créditos. El BID financiaba grandes obras públicas. Y entre 1961-1972 el Ecuador acudió nueve veces al FMI para obtener créditos “stand by”.

En los setentas, con el “boom” petrolero y la activa participación del Estado en la economía, el Ecuador creció a un promedio anual del 10%, inédito en toda su historia republicana y consolidó definitivamente su desarrollo capitalista. Y aunque en 1974 se canceló la “deuda de la Independencia”, en 1976 la dictadura militar inició la deuda “neoliberal” o de la nueva dependencia. Porque son los gobiernos constitucionales iniciados en 1979 los que heredaron la que pasaría a ser una fabulosa deuda externa pública y ahora también privada, impagable e ilegítima, en medio de la crisis del petróleo, coincidente con el momento.

La deuda neoliberal se caracterizó por un giro económico sustancial: no solo fue fruto de la presión del capital financiero especulativo, sino que los acreedores eran ahora los poderosos bancos privados transnacionales. Y para asegurar su pago, el FMI se convirtió en el instrumento condicionador de los gobiernos latinoamericanos, pues las medidas a aplicar debían ser las impuestas desde el exterior, con la desbordante visión neoliberal que acompañaba como victoriosa a la “globalización”, tras el derrumbe del socialismo.

En 1982, bajo el gobierno de Osvaldo Hurtado (1981-1984), comenzó la crisis de la deuda. Y con ella un giro político inesperado, pues este gobierno, inspirado por entonces en el reformismo social y atacado como “comunista” por las cámaras empresariales, dio inicio a las primeras medidas “aperturistas” y a la “sucretización” de las deudas privadas (1983).

Sin embargo, fue con el gobierno de León Febres Cordero (1984-1988 ) cuando se afirmó un modelo económico “empresarial” y neo-oligárquico, que se reflejaría también en el manejo de la deuda externa, con alto provecho para los acreedores privados y graves consecuencias para el Estado, la nación y la sociedad. Concluiremos examinándolo.

20
Dic

Fernando López Romero: NO HE PERDIDO LA MEMORIA

(Remitido por Sara Serrano)

Ayer, a las 16:31 de la tarde, murió el ex Presidente de la República León Febres Cordero. A lo largo de las cuatro horas que precedieron a la muerte del más importante líder de la derecha ecuatoriana en los últimos 25 años, los
periodistas de los medios de comunicación masiva (prensa, radio y televisión) que presentaban las "noticias de última hora" desde la puerta de la Clínica Guayaquil, erigieron a León Febres Cordero como un mártir cuyo
sacrificio último en aras del interés público fue regresar a morir en Guayaquil. Aunque no dudo de que en todos, o en casi todos los hogares de los personajes más adinerados y poderosos de esa ciudad, una lámina escolar de
León Febres Cordero luciendo la banda presidencial, rodeada de velas y flores haga las veces de un improvisado altar doméstico a la figura del mártir que defendió lealmente los intereses de su clase, me pregunto ¿qué tenemos que agradecer los ecuatorianos y ecuatorianas al ex Presidente de la República, ex Alcalde de Guayaquil, diputado y dirigente empresarial?

No me olvido del empleado de confianza de Luis Noboa Naranjo, dueño del banano, amo y señor de la agro-exportación en el Ecuador a costa del sudor de miles de campesinos y obreros. Del dirigente empresarial que en nombre del progreso y del interés nacional exigía la parte del león en el reparto de la
troncha a los gobiernos de turno.

Recuerdo al dirigente empresarial comprándose el Partido Social Cristiano para entrar en la pelea política de la recién inaugurada democracia. Al después furioso opositor del Gobierno de Jaime Roldós Aguilera, estrenándose así como uno de los "patriarcas de la componenda".

No puedo olvidar al Presidente de la República que amplió los plazos de la sucretización, para pagar los intereses y el capital de la deuda privada -que contrajeron sus amigos y compadres- con dineros públicos.

No puedo borrar de mi memoria a quien se declaró mejor amigo de Ronald Reagan ejecutando la orden imperial de salir de la OPEP.

¿Es que acaso podemos olvidar la ejecución de medidas de ajuste estructural para sentar las bases de un modelo económico sustentado en la explotación brutal de la naturaleza y la sociedad? ¿El pago del capital y los intereses de
la deuda odiosa que contrajo la dictadura militar a costa de la pobreza y la extrema pobreza de los ecuatorianos y ecuatorianas? ¿La desaparición decenas de personas, cuyas familias, amigos y seres queridos aún nos preguntamos dónde están, y la represión contra sindicalistas, estudiantes y maestros, líderes indígenas y campesinos? ¿Los tanques rodeando a la Corte Suprema de Justicia y el Congreso, la dictadura constitucional, el chantaje, el periodicazo y el golpe y el insulto como formas de acción política? ¿Al Abogado Torbay y al Licenciado Robles Plaza? ¿A Toral Zalamea, Abogado también, y a tantos otros?
¿Al señor Raan Gazit? ¿Al SIC 10? ¿A los escuadrones volantes? ¿El olor del gas lagrimógeno, el sonido de las balas, las miradas de sus policías? ¿Mi Universidad allanada tantas veces? ¿Los paramilitares del "García Moreno
También Vive"? ¿A su servicio de inteligencia?

Recuerdo la cooptación de la ex Corte Suprema de Justicia con jueces a la medida de la defensa de los intereses del PSC, la primera de la larga sucesión de golpes de estado sin cuartelazo que han hecho que en las cortes y tribunales
de justicia de este país impere la ley del más fuerte, del apellido más rancio y de la chequera más gorda.

No puedo olvidar al león y su cachorro presenciando la tortura de quienes se atrevían oponerse a su Gobierno, en el antiguo Cuartel Modelo de la ciudad de Guayaquil.

Recuerdo a Luz Elena Arismendi preguntando sin respuesta dónde están sus hijos frente al Palacio de Carondelet, y a otras madres y padres que ahora, 30 años después, se hacen la misma pregunta.

No me olvido de Diego Delgado, apaleado y dado por muerto.

Recuerdo la muerte de la palabra y del pensamiento crítico frente al miedo y el dolor de miles de ecuatorianos perseguidos por los grupos de choque de la Policía y el Ejército. Recuerdo los libros, folletos y periódicos quemados,
la represión contra obreros, campesinos, maestros y estudiantes, la prohibición de decir lo que se piensa o se siente.

Recuerdo a León Febres Cordero presidiendo la manifestación del "no me ahuevo" para exigir al gobierno de Mahuad la salvación con los dineros de todos los ecuatorianos y ecuatorianas, del banco que quebró uno de sus amigos y
compadres, Fernando Aspiazu Seminario.

Hace más o menos 100 años, en el prólogo de uno de uno de sus libros, un alemán de origen judío exiliado en Londres, nos recordaba aquello de que existen hechos en la historia que ocurren como tragedia y luego como comedia.
Estoy plenamente convencido de que sólo el ejercicio insobornable de la memoria impedirá que posiblemente dentro 25 años se repita esta comedia y los medios de comunicación masiva presenten la muerte de un nuevo mártir que se sacrificó por los intereses del desarrollo y del bienestar de los ecuatorianos… Por eso, aunque todos y todas compartimos la misma condición humana, y en consecuencia, no me alegra la dolorosa muerte de un anciano de 77
años que padecía cáncer y otros males, creo que es necesario reescribir el epitafio de León Febres Cordero para que mis hijos y mis nietos no crean el cuento de su martirologio y, sobre todo, para que identifiquen a otros leones
que erizan su melena y afilan sus garras para ocupar la vacante de nuevos dueños del país.

POR FAVOR, SEÑORES REPORTEROS, AGUDÍSIMOS EDITORIALISTAS, ASAMBLEÍSTAS,
SESUDOS ANALISTAS, PRESENTADORES Y PRESENTADORAS DE TELEVISIÓN, LOCUTORES DE
RADIO, TENEDORES DE PAPELES DE LA DEUDA, DISCÍPULOS Y DISCÍPULAS, PERIODISTAS
DE FARÁNDULA, POLÍTICOS Y EMPRESARIOS, NO ME PIDAN QUE OLVIDE…

Prohibido olvidar……

Fernando López Romero

DECANO FACULTAD DE COMUNICACIÓN SOCIAL

UNIVERSIDAD CENTRAL DEL ECUADOR

*******
Con motivo de la muerte de Febres Cordero, es oportuno, necesario y justo
recordar este poema del gran poeta y escritor uruguayo Mario Benedetti, que si
bien, fue escrito para el ex presidente de EE.UU., Ronald Reagan, le calza
perfectamente a este ex presidente de nuestro país.

OBITUARIO CON HURRAS

Mario Benedetti (1963)

Los canallas viven mucho, pero algún día se mueren…

A Ronald Reagan

Vamos a festejarlo

Vengan todos

Los inocentes

Los damnificados

Los que gritan de noche

Los que sufren de día

Los que sufren el cuerpo

Los que alojan fantasmas

Los que pisan descalzos

Los que blasfeman y arden

Los pobres congelados

Los que quieren a alguien

Los que nunca se olvidan

Vamos a festejarlo

Vengan todos

El crápula se ha muerto

Se acabó el alma negra

El ladrón

El cochino

Se acabó para siempre

Hurra

Que vengan todos

Vamos a festejarlo

A no decir

La muerte

Siempre lo borra todo

Todo lo purifica

Cualquier día

La muerte

No borra nada

Quedan

Siempre las cicatrices

Hurra

Murió el cretino

Vamos a festejarlo

A no llorar de vicio

Que lloren sus iguales

Y se traguen sus lágrimas

Se acabó el monstruo prócer

Se acabó para siempre

Vamos a festejarlo

A no ponernos tibios

A no creer que éste

Es un muerto cualquiera

Vamos a festejarlo

A no volvernos flojos

A no olvidar que éste

Es un muerto cualquiera

Vamos a festejarlo

A no volvernos flojos

A no olvidar que éste

Es un muerto de mierda.

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