4
Ene

Rubén Darío Buitrón: Luz de enero

Amaneció en el Quito colonial. Bajo un clima de temor y silenciamiento, los madrugadores fueron testigos de uno de los actos rebeldes más significativos de la época: sobre las cruces de piedra de la ciudad aparecieron banderolas escarlatas con un lema escrito en latín: “Al amparo de la cruz, sed libres. Conseguid la gloria y la felicidad”.

Era enero de 1795. El autor, el periodista Eugenio Espejo, fue detenido e incomunicado. Meses después, murió en una mazmorra del gobierno opresor.

Dos siglos después, en el Antiguo Hospital Militar, construido en 1913 en la loma de San Juan, una maravillosa exposición histórica hace que se respire, multiplique, mantengan viva aquella alma libertaria del precursor.

Convertido en Museo gracias a la tenacidad de los habitantes del barrio América y a la intervención del municipio, el viejo sanatorio ideado por el general Eloy Alfaro exhibe ahora una muestra de la fuerza, energía y permanencia de una fecha nacional clave: el 10 de agosto de 1809.

Son 200 años del levantamiento de los patriotas que siguieron la luz de Espejo, el hombre que treinta años antes sembró las semillas de una lucha por la dignidad, de una lucha que, de a poco, fue sumando valentías, talentos y sacrificios hasta convertirse en victoria decisiva el 24 de mayo de 1822.

Allí, en ese museo, golpean como un eco su palabra y sus ideas. Y en ellas se proyectan, brillantes, los caminos de libertad y civismo que él fue capaz de trazar antes de que muchos imaginaran siquiera que aquello sería posible conquistar.

Periodista, escritor, médico, filósofo y agitador. La historia recuerda así al hombre que fue la conciencia crítica de su tiempo.

Sagaz y temerario, quiteño nacido de la entraña del mestizaje el 21 de febrero de 1747, nunca desmayó en sus afanes de promover la necesidad de pelear por una sociedad deliberante, democrática y equitativa.

Peligroso para quienes ejercían el poder, fue perseguido, encarcelado y desterrado, pero ninguna fuerza pudo detener su empeño por construir un pensamiento libre.

En noviembre de 1791 formó la Sociedad Patriótica de Amigos del País, compuesta por 25 personas que se reunían cada semana para debatir e intercambiar conocimientos sobre los temas de mayor trascendencia en aquella coyuntura histórica.

El jueves 5 de enero de 1792, marcó otro hito: puso a circular el semanario Primicias de la Cultura de Quito.

Como periodista y como ser humano, Espejo fue esencia y expresión de lecturas profundas e inteligentes de los hechos, de acercamiento a la verdad, de valor y coraje para sostener convicciones y certezas.

Por eso, enero y 2009 serán dos momentos trascendentes para rendir culto al espíritu altivo de los ciudadanos no sometidos ni sumisos.

Ser y actuar. Es el mejor homenaje que podemos rendir al precursor del periodismo libertario.

Haga click en:
Blog del periodismo, los medios y los periodistas
5
Dic

Sara Serrano: Quito



Sara Serrano Albuja
Escritora

Quito luminosa/ciudad del ancestro quitu/mitad misma del grano de maíz/ciudad sagrada/beso de geranio y capulíes/venerada en los solsticios,/ equilibrio y equinoccio/.

Tengo orgullo de haber nacido en Quito, tierra de mis padres, ciudad cuyo apellido es el heroísmo, la rebeldía, el arte y la ciencia. Quitu, preincásica y prehispánica, milenaria ubicada en la mitad de una geografía que la hizo ser heliocéntrica y luminosa; observatorio de astrónomos, como la cumbre del Catequilla o el Yavirac, existentes ya antes de la llegada de los nobles sabios geodésicos Godin, Condamine o Bouguer. Quitu, ciudad que significa mitad.

No fueron incas ni españoles quienes vinieron a dar la posición satelital a este pueblo ancestral buscándolo en geografías erróneas. Ya existía la ciudad antes de que seamos país y antes de Benalcázar. Ciudad de la resistencia india con Rumiñahui. Urbe mestiza que nos legó el arte y las pacientes manos de Legarda, Caspicara, Miguel de Santiago o Fray Jodoco Ricke, el del trigo y la cebada.

Sobre sus construcciones de piedra, manos de artistas indios edificaron San Francisco, La Compañía, La Merced y todas las iglesias joyas relucientes que en los solsticios muestran insólitos efectos lumínicos, recuerdos ancestrales de nuestra astronomía equinoccial.

Quito, vecina acogedora de Humboldt. Ciudad rebelde que no soportó el autoritarismo. Libertaria como sus históricos cabildos deliberantes. Ciudad altiva que tendría cuantiosas fechas para cantar sus rebeliones: la de las alcabalas, la de los estancos o la de los barrios.

El nacido y bautizado en Quito, Eugenio Espejo de 1747, médico, periodista, escritor, bibliotecario, ilustrado de estatura latinoamericana, fue gestor de la libertad con sus Primicias de la Cultura de Quito, sus pancartas y lucianos, y su generosa ilustración.

Quito, la del Alma Máter: San Fulgencio, Santo Tomás de Aquino o San Gregorio Magno. La que, como Florencia, vistió con su pintura y escultura muchos templos de América con la Escuela de Artes y Oficios San Andrés, laboratorio de la Escuela Quiteña.

Quito, la de los revolucionarios del 10 de agosto que encendieron la libertad en América y se cobijaron en la Sala Capitular de San Agustín. La del pueblo insurrecto que enfrentó a los emisarios de los virreyes en las calles un 2 de agosto.

Quito, la de los periodistas que se rebelaron en el Quiteño Libre contra la tiranía de Flores, la de Manuela Sáenz, compañera de Bolívar, la de Manuela Cañizares y la de Manuela Espejo.

Quito del Pichincha majestuoso, la de la guerra de los cuatro días, la de los forajidos. La que me hizo ser tambo y pucará, la de poetas y murcielagarios de La Ronda.

Quito no es solo corridas arcaicas de toros, nobles bestias sacrificadas en espectáculos cruentos. Quito se merece a quien la ama y la defiende. Un gobierno que no la desprecie ni la olvide. Líderes locales que estén a la altura de su historia.

Arquitectos, economistas, ecologistas, ciudadanos, artistas y soñadores que sigan el camino que la hizo ser Patrimonio Histórico y Cultural de América y el mundo.

Back to Top