20
Dic

Fernando López Romero: NO HE PERDIDO LA MEMORIA

(Remitido por Sara Serrano)

Ayer, a las 16:31 de la tarde, murió el ex Presidente de la República León Febres Cordero. A lo largo de las cuatro horas que precedieron a la muerte del más importante líder de la derecha ecuatoriana en los últimos 25 años, los
periodistas de los medios de comunicación masiva (prensa, radio y televisión) que presentaban las "noticias de última hora" desde la puerta de la Clínica Guayaquil, erigieron a León Febres Cordero como un mártir cuyo
sacrificio último en aras del interés público fue regresar a morir en Guayaquil. Aunque no dudo de que en todos, o en casi todos los hogares de los personajes más adinerados y poderosos de esa ciudad, una lámina escolar de
León Febres Cordero luciendo la banda presidencial, rodeada de velas y flores haga las veces de un improvisado altar doméstico a la figura del mártir que defendió lealmente los intereses de su clase, me pregunto ¿qué tenemos que agradecer los ecuatorianos y ecuatorianas al ex Presidente de la República, ex Alcalde de Guayaquil, diputado y dirigente empresarial?

No me olvido del empleado de confianza de Luis Noboa Naranjo, dueño del banano, amo y señor de la agro-exportación en el Ecuador a costa del sudor de miles de campesinos y obreros. Del dirigente empresarial que en nombre del progreso y del interés nacional exigía la parte del león en el reparto de la
troncha a los gobiernos de turno.

Recuerdo al dirigente empresarial comprándose el Partido Social Cristiano para entrar en la pelea política de la recién inaugurada democracia. Al después furioso opositor del Gobierno de Jaime Roldós Aguilera, estrenándose así como uno de los "patriarcas de la componenda".

No puedo olvidar al Presidente de la República que amplió los plazos de la sucretización, para pagar los intereses y el capital de la deuda privada -que contrajeron sus amigos y compadres- con dineros públicos.

No puedo borrar de mi memoria a quien se declaró mejor amigo de Ronald Reagan ejecutando la orden imperial de salir de la OPEP.

¿Es que acaso podemos olvidar la ejecución de medidas de ajuste estructural para sentar las bases de un modelo económico sustentado en la explotación brutal de la naturaleza y la sociedad? ¿El pago del capital y los intereses de
la deuda odiosa que contrajo la dictadura militar a costa de la pobreza y la extrema pobreza de los ecuatorianos y ecuatorianas? ¿La desaparición decenas de personas, cuyas familias, amigos y seres queridos aún nos preguntamos dónde están, y la represión contra sindicalistas, estudiantes y maestros, líderes indígenas y campesinos? ¿Los tanques rodeando a la Corte Suprema de Justicia y el Congreso, la dictadura constitucional, el chantaje, el periodicazo y el golpe y el insulto como formas de acción política? ¿Al Abogado Torbay y al Licenciado Robles Plaza? ¿A Toral Zalamea, Abogado también, y a tantos otros?
¿Al señor Raan Gazit? ¿Al SIC 10? ¿A los escuadrones volantes? ¿El olor del gas lagrimógeno, el sonido de las balas, las miradas de sus policías? ¿Mi Universidad allanada tantas veces? ¿Los paramilitares del "García Moreno
También Vive"? ¿A su servicio de inteligencia?

Recuerdo la cooptación de la ex Corte Suprema de Justicia con jueces a la medida de la defensa de los intereses del PSC, la primera de la larga sucesión de golpes de estado sin cuartelazo que han hecho que en las cortes y tribunales
de justicia de este país impere la ley del más fuerte, del apellido más rancio y de la chequera más gorda.

No puedo olvidar al león y su cachorro presenciando la tortura de quienes se atrevían oponerse a su Gobierno, en el antiguo Cuartel Modelo de la ciudad de Guayaquil.

Recuerdo a Luz Elena Arismendi preguntando sin respuesta dónde están sus hijos frente al Palacio de Carondelet, y a otras madres y padres que ahora, 30 años después, se hacen la misma pregunta.

No me olvido de Diego Delgado, apaleado y dado por muerto.

Recuerdo la muerte de la palabra y del pensamiento crítico frente al miedo y el dolor de miles de ecuatorianos perseguidos por los grupos de choque de la Policía y el Ejército. Recuerdo los libros, folletos y periódicos quemados,
la represión contra obreros, campesinos, maestros y estudiantes, la prohibición de decir lo que se piensa o se siente.

Recuerdo a León Febres Cordero presidiendo la manifestación del "no me ahuevo" para exigir al gobierno de Mahuad la salvación con los dineros de todos los ecuatorianos y ecuatorianas, del banco que quebró uno de sus amigos y
compadres, Fernando Aspiazu Seminario.

Hace más o menos 100 años, en el prólogo de uno de uno de sus libros, un alemán de origen judío exiliado en Londres, nos recordaba aquello de que existen hechos en la historia que ocurren como tragedia y luego como comedia.
Estoy plenamente convencido de que sólo el ejercicio insobornable de la memoria impedirá que posiblemente dentro 25 años se repita esta comedia y los medios de comunicación masiva presenten la muerte de un nuevo mártir que se sacrificó por los intereses del desarrollo y del bienestar de los ecuatorianos… Por eso, aunque todos y todas compartimos la misma condición humana, y en consecuencia, no me alegra la dolorosa muerte de un anciano de 77
años que padecía cáncer y otros males, creo que es necesario reescribir el epitafio de León Febres Cordero para que mis hijos y mis nietos no crean el cuento de su martirologio y, sobre todo, para que identifiquen a otros leones
que erizan su melena y afilan sus garras para ocupar la vacante de nuevos dueños del país.

POR FAVOR, SEÑORES REPORTEROS, AGUDÍSIMOS EDITORIALISTAS, ASAMBLEÍSTAS,
SESUDOS ANALISTAS, PRESENTADORES Y PRESENTADORAS DE TELEVISIÓN, LOCUTORES DE
RADIO, TENEDORES DE PAPELES DE LA DEUDA, DISCÍPULOS Y DISCÍPULAS, PERIODISTAS
DE FARÁNDULA, POLÍTICOS Y EMPRESARIOS, NO ME PIDAN QUE OLVIDE…

Prohibido olvidar……

Fernando López Romero

DECANO FACULTAD DE COMUNICACIÓN SOCIAL

UNIVERSIDAD CENTRAL DEL ECUADOR

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Con motivo de la muerte de Febres Cordero, es oportuno, necesario y justo
recordar este poema del gran poeta y escritor uruguayo Mario Benedetti, que si
bien, fue escrito para el ex presidente de EE.UU., Ronald Reagan, le calza
perfectamente a este ex presidente de nuestro país.

OBITUARIO CON HURRAS

Mario Benedetti (1963)

Los canallas viven mucho, pero algún día se mueren…

A Ronald Reagan

Vamos a festejarlo

Vengan todos

Los inocentes

Los damnificados

Los que gritan de noche

Los que sufren de día

Los que sufren el cuerpo

Los que alojan fantasmas

Los que pisan descalzos

Los que blasfeman y arden

Los pobres congelados

Los que quieren a alguien

Los que nunca se olvidan

Vamos a festejarlo

Vengan todos

El crápula se ha muerto

Se acabó el alma negra

El ladrón

El cochino

Se acabó para siempre

Hurra

Que vengan todos

Vamos a festejarlo

A no decir

La muerte

Siempre lo borra todo

Todo lo purifica

Cualquier día

La muerte

No borra nada

Quedan

Siempre las cicatrices

Hurra

Murió el cretino

Vamos a festejarlo

A no llorar de vicio

Que lloren sus iguales

Y se traguen sus lágrimas

Se acabó el monstruo prócer

Se acabó para siempre

Vamos a festejarlo

A no ponernos tibios

A no creer que éste

Es un muerto cualquiera

Vamos a festejarlo

A no volvernos flojos

A no olvidar que éste

Es un muerto cualquiera

Vamos a festejarlo

A no volvernos flojos

A no olvidar que éste

Es un muerto de mierda.

18
Dic

Diego C. Delgado Jara: ¿La “Revolución ciudadana” al servicio de las multinacionales? 1ra. Parte

diegodelgadoI. ¿El turno del saqueo minero?

El Ecuador ha sido un país al que en la división internacional del trabajo han pretendido asignarle, por turnos, distintas tareas de monoproductor. Es así como ha sido, por épocas, desde generador de metales valiosos (obtenido sobre todo en lavaderos en los ríos) y la cascarilla, en la colonia, hasta arroz, cacao, balsa, banano y petróleo, en la República.

Por supuesto que también han estado presentes grandes multinacionales en la conducción y el usufructo de estos negocios. La United Fruit Company siempre estuvo presente en el negocio de la fruta, la Texaco Gulf y otras en el manejo petrolero. Incluso ha existido minería a espaldas y sin beneficio para el país, como por ejemplo en la primera mitad del siglo XX la gran usufructuaria de las minas de Portovelo y Zaruma, con nulos beneficios para la República, fue la South American Development Co.

Siempre ha sido así. Nuestra nación ha sido la dueña teórica de la riqueza, pero la oligarquía, aliada y cómplice de las multinacionales, han entregado a éstas el usufructo y la ganancia indispensable para nuestro desarrollo, vigorizamiento productivo y bienestar social. Como señala Eduardo Galeano, hemos sido los dueños de la vaca pero la han ordeñado otras manos que no son las de su dueño.

Igual ha sucedido con el Perú, que también ha llegado a la minería luego de pasar desde el guano en el siglo XIX hasta el pescado y harina de pescado en el XX. Brasil ha tenido una experiencia semejante, desde el caucho, el azúcar, la madera y el café. Chile tiene ahora, como elemento básico, el cobre, como Colombia ha privilegiado el café. Es el mercado internacional y los intereses de codicia insaciable de las grandes corporaciones los que deciden la explotación por turnos de nuestra riqueza, donde quienes jamás han visto ningún beneficio son las poblaciones dueñas de semejante patrimonio que es administrado y concesionado por el poder político oligárquico de turno, a espaldas de los intereses nacionales y populares.

Pero ¿por qué ahora existe la premura y frenesí por la minería a cualquier costa, privilegiado métodos extractivistas y una explotación irreparable a cielo abierto, altamente contaminante? Porque las reservas del petróleo han disminuido a tal extremo que el propio informe sobre la materia ordenado por el vicepresidente del EEUU Dick Cheney sugiere que, con las actuales existencias probadas, seríamos exportadores de crudo por un lapso que podría no superar, a ritmos crecientes de extracción, los diez años. ¿De dónde extraer entonces más dinero y en muy apreciables volúmenes? De la minería, ahora a explotarse en forma intensiva, como se está impulsando en los países vecinos. Ante un apetitoso, jugoso y colosal bocado (como les interesa presentar a los interesados las reservas de nuestro país), las mismas multinacionales, con el entusiasta empeño oficial, han “echado el ojo” a estos recursos muy importantes y que han permanecido millones de años en sus entrañas de nuestro territ
orio nacional.

Es más, respecto a este panorama, así lo reconoció de manera expresa el entonces ministro de Minas y Petróleo Galo Chiriboga, en la revista Vistazo, del 3 de abril del 2008, pág. 18, cuando él afirmó, al parecer de modo muy optimista: “La vida útil del petróleo no superará los 25 años y la bonanza de los precios es una boya peligrosa para sustentar el gasto fiscal … el país apuesta a la extracción minera como la nueva fuente de riqueza post petrolera.”

La misma publicación indica: “Según Galo Chiriboga, el país ha recibido apenas 25 millones por concepto de patentes y regalías del sector minero desde 1999. Actualmente, el 12 por ciento del territorio ecuatoriano (tres millones de hectáreas) está concesionado. Las primeras concesiones datan de hace 17 años.”

Es pues la necesidad del régimen de disponer de recursos, asociada a los anhelos desembozados de inmensas ganancias de las grandes corporaciones de la minería, a cualquier costo ambiental, los ejes de esta desaforada codicia anunciada, cuyo mayor propagandista y vocero es el propio Presidente de la República, cuando incluso su propia voz es utilizada en las propagandas de cuñas radiales en todo el sur del país, en frases en las que advierte amenazante a los “seis pelagatos” que, según él y las compañías transnacionales, “se oponen al desarrollo nacional”, en cuñas patrocinadas por los interesados en el usufructo de este negocio.

No hace falta ser brujos refinados, poseer singulares dones proféticos, estar dotados de los misteriosos poderes insondables de famosas profecías, ni disponer de los sobrenaturales dones de los clarividentes, para nombrar a las principales multinacionales interesadas en “hacer el favor” de llevarse esta “riqueza ociosa” cuyo volumen parecería inflado de modo previsible y por evidentes motivos justificatorios: Ecuacorriente, Dinasty Metals & Mining, Goldmarca, Internacional Minerals Corporation, IAMGold, Cornestone Elipe, Ascendant Cooper, Aurelian Resources y Kinross. Es más, el proyecto de Ley de Minería está orientada, de manera básica, a regular sus actividades. Pueden camuflar con todos los adornos jurídicos inimaginables e incorporar sugestivas redacciones en varios artículos, pero lo medular será precautelado a toda costa: garantizar el acceso, explotación y usufructo del patrimonio minero a favor de las grandes multinacionales! ¡Esa ha sido la manifiesta voluntad del r
égimen, e incluso antes de presentar el proyecto de ley en forma oficial ya tronaba como Júpiter tonante ante el surgimiento de eventuales opositores!

Lo que la mayoría de ecuatorianos desconoce, por ejemplo, es que la antigua Ley de Minería, precedente y soporte de la que se está discutiendo, se realizó con un préstamo del Banco Mundial, de código PRODEMINCA-BIRF-3655, por cerca de 14 millones de dólares, que los pagó el pueblo ecuatoriano como parte de su deuda externa, y que serviría para desarrollar normas “para permitir actividades mineras a gran escala en áreas protegidas y territorios ancestrales”, así como para impulsar reformas que atropellaran los derechos colectivos de los pueblos indígenas (Acuerdo 169 de la OIT y reconocidos por la Constitución de 1998), como sucedió además, con reformas o refuerzos establecidos en la Ley para la Promoción de la Inversión y la Participación Ciudadana (Trole II), y el Reglamento Ambiental Minero, que transgredían expresas normas y garantías constitucionales, conforme incluso consta una relación breve en el Informe Final de la Auditoría Integral de la Deuda Externa (CAIC), en su
pág. 96.

Debemos recordar, así mismo, de cómo en el régimen de Mahauad, como parte de una estrategia global de rapiña ilimitada de recursos naturales, por presión del mismo Banco Mundial, prácticamente desapareció el CODIGEM, en función de “modernizar” el Estado, y que tenía a su cargo el catastro minero nacional, y cuyos sensibles datos se entregaron de manera escandalosa a las multinacionales mineras para precisar sus espacios de mayor codicia y depredación dentro del territorio nacional.

Las multinacionales han hecho siempre su auténtica y regalada gana en el país. Lo que llama cada vez menos la atención es que ahora se lo hace, con bombos de ilusión y platillos de disimulo, a nombre de una “revolución ciudadana” inexistente, de un “socialismo del Siglo XXI” de esencia antisocialista y procapitalista, de continua entrega de recursos naturales no renovables a favor de las multinacionales, caso del petróleo y de la minería.

Pero no solo se entregan los recursos nacionales no renovables sino los servicios públicos más rentables y lucrativos, como sucede con la telefonía celular, que se vuelve a entregar a las mismas multinacionales que han manejado semejante negocio tan lucrativo desde lustros atrás (con ingresos que fácilmente podrían superar los 1.500 millones de dólares al año) con tres diferencias: la primera, que en 1993 ni Sixto Durán Ballén ni Alberto Dahik Garzozi sabían el monto a obtenerse de las ganancias de su manejo, como ahora si se lo conoce; segundo, que ahora disponen en forma adicional de la banda de 1.900 MHz que permite la transmisión no solo de la voz sino de imágenes, de sistemas audiovisuales, entre otros aspectos, todo ello a cambio de derechos de uso o regalías que quizá podrían llegar al un treintavo de los beneficios a obtenerse; y, tercero, que esa misma conducta entreguista, antes definida como parte de “la larga y triste noche neoliberal” por el Presidente Correa, ahora, resultando idéntica, se la bautiza como “revolución ciudadana”!

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