3
Jul

[Música de aquí] Mercedes Sosa: Canción para un niño en la calle

(Chivatazo de Sara Serrano)

...el amor se ha perdido, como un niño en la calle.

---

A esta hora exactamente,
Hay un niño en la calle....
¡Hay un niño en la calle!

Es honra de los hombres proteger lo que crece,
cuidar que no haya infancia dispersa por las calles,
evitar que naufrague su corazón de barco,
su increíble aventura de pan y chocolate;
poniéndole una estrella en el sitio del hambre,
de otro modo es inútil, de otro modo es absurdo,
ensayar en la tierra la alegría y el canto,
porque de nada vale, si hay un niño en la calle.

Todo lo tóxico de mi país a mi me entra por la nariz,
lavo autos, limpio zapatos, huelo pega y también huelo paco.
Robo billeteras pero soy buena gente, soy una sonrisa sin dientes.
Lluvia sin techo, uña con tierra, soy lo que sobró de la guerra;
un estomago vacío, soy un golpe en la rodilla, que se cura con el frío.
El mejor guía turístico del arrabal, por tres pesos te paseo por la capital.
No necesito visa pa' volar por el redondel porque yo juego con aviones de papel.
Arroz con piedra, fango con vino, y lo que me falta me lo imagino.

No debe andar el mundo con el amor descalzo,
enarbolando un diario como un ala en la mano;
trepándose a los trenes, canjeándonos la risa,
Golpeándonos el pecho con un ala cansada.
No debe andar la vida, recién nacida, a precio,
La niñez arriesgada a una estrecha ganancia,
porque entonces las manos son inútiles fardos,
y el corazón, apenas, una mala palabra.

Cuando cae la noche duermo despierto, un ojo cerrado y el otro abierto,
por si los tigres me escupen un balazo; mi vida es como un circo pero sin payaso.
Voy caminando por la zanja haciendo malabares con 5 naranjas,
pidiendo plata a todos los que pueda en una bicicleta de una sola rueda.
Soy oxígeno para este continente, soy lo que descuidó el presidente,
no te asustes si tengo mal aliento, si me ves sin camisa con las tetillas al viento;
yo soy un elemento más del paisaje, los residuos de la calle son mi camuflaje,
como algo que existe, que parece de mentira, algo sin vida pero que respira.

Pobre del que ha olvidado que hay un niño en la calle,
que hay millones de niños que viven en la calle,
y multitud de niños que crecen en la calle.
Yo los veo apretando su corazón pequeño,
mirándonos a todos con fábula en los ojos;
un relámpago trunco les cruza la mirada,
porque nadie protege esa vida que crece.
Y el amor se ha perdido, como un niño en la calle...

Oye, a esta hora exactamente hay un niño en la calle.

Hay un niño en la calle.

Fuente:  (editada) http://libretadetextos.blogspot.com/2009/06/lluvia-sin-techo-una-con-tierra-soy-lo.html

5
Dic

Sara Serrano: Quito



Sara Serrano Albuja
Escritora

Quito luminosa/ciudad del ancestro quitu/mitad misma del grano de maíz/ciudad sagrada/beso de geranio y capulíes/venerada en los solsticios,/ equilibrio y equinoccio/.

Tengo orgullo de haber nacido en Quito, tierra de mis padres, ciudad cuyo apellido es el heroísmo, la rebeldía, el arte y la ciencia. Quitu, preincásica y prehispánica, milenaria ubicada en la mitad de una geografía que la hizo ser heliocéntrica y luminosa; observatorio de astrónomos, como la cumbre del Catequilla o el Yavirac, existentes ya antes de la llegada de los nobles sabios geodésicos Godin, Condamine o Bouguer. Quitu, ciudad que significa mitad.

No fueron incas ni españoles quienes vinieron a dar la posición satelital a este pueblo ancestral buscándolo en geografías erróneas. Ya existía la ciudad antes de que seamos país y antes de Benalcázar. Ciudad de la resistencia india con Rumiñahui. Urbe mestiza que nos legó el arte y las pacientes manos de Legarda, Caspicara, Miguel de Santiago o Fray Jodoco Ricke, el del trigo y la cebada.

Sobre sus construcciones de piedra, manos de artistas indios edificaron San Francisco, La Compañía, La Merced y todas las iglesias joyas relucientes que en los solsticios muestran insólitos efectos lumínicos, recuerdos ancestrales de nuestra astronomía equinoccial.

Quito, vecina acogedora de Humboldt. Ciudad rebelde que no soportó el autoritarismo. Libertaria como sus históricos cabildos deliberantes. Ciudad altiva que tendría cuantiosas fechas para cantar sus rebeliones: la de las alcabalas, la de los estancos o la de los barrios.

El nacido y bautizado en Quito, Eugenio Espejo de 1747, médico, periodista, escritor, bibliotecario, ilustrado de estatura latinoamericana, fue gestor de la libertad con sus Primicias de la Cultura de Quito, sus pancartas y lucianos, y su generosa ilustración.

Quito, la del Alma Máter: San Fulgencio, Santo Tomás de Aquino o San Gregorio Magno. La que, como Florencia, vistió con su pintura y escultura muchos templos de América con la Escuela de Artes y Oficios San Andrés, laboratorio de la Escuela Quiteña.

Quito, la de los revolucionarios del 10 de agosto que encendieron la libertad en América y se cobijaron en la Sala Capitular de San Agustín. La del pueblo insurrecto que enfrentó a los emisarios de los virreyes en las calles un 2 de agosto.

Quito, la de los periodistas que se rebelaron en el Quiteño Libre contra la tiranía de Flores, la de Manuela Sáenz, compañera de Bolívar, la de Manuela Cañizares y la de Manuela Espejo.

Quito del Pichincha majestuoso, la de la guerra de los cuatro días, la de los forajidos. La que me hizo ser tambo y pucará, la de poetas y murcielagarios de La Ronda.

Quito no es solo corridas arcaicas de toros, nobles bestias sacrificadas en espectáculos cruentos. Quito se merece a quien la ama y la defiende. Un gobierno que no la desprecie ni la olvide. Líderes locales que estén a la altura de su historia.

Arquitectos, economistas, ecologistas, ciudadanos, artistas y soñadores que sigan el camino que la hizo ser Patrimonio Histórico y Cultural de América y el mundo.

Back to Top