14
Jul

Revolución Juliana

Por Juan Paz y Miño.

El 9 de Julio de 1925 la joven oficialidad del Ejército tomó el poder. Se inició así la Revolución Juliana, que comprendió dos Juntas Provisionales de gobierno y la presidencia de Isidro Ayora (1926-1931).

La Revolución se produjo bajo una serie de condiciones: la severa crisis económica, el agotamiento del Estado Liberal, el declive del bipartidismo liberal-conservador, el despertar del movimiento obrero, un ambiente internacional de avance de la conciencia social, la instalación del socialismo en la Unión Soviética (1917). Sobre todo, fue una reacción contra las poderosas oligarquías, particularmente de la bancaria, que habían mantenido sujeto al Estado como instrumento de sus intereses.

Hasta este momento, los bancos eran emisores de billetes, controlaban el régimen monetario y eran prestamistas de los gobiernos. Todavía existían cuentas públicas descentralizadas y hasta autónomas, sujetas al manejo privado y político. Y los primeros núcleos de trabajadores carecían de derechos fundamentales, en un país hegemonizado por el sistema oligárquico-terrateniente.

Los gobiernos julianos por primera vez fiscalizaron a los bancos, centralizaron las rentas y organizaron la hacienda pública bajo una Ley de Presupuesto. Con el concurso de la Misión norteamericana de Edwin W. Kemmerer, crearon el Banco Central, la Superintendencia de Bancos y la Contraloría. Los julianos inauguraron la misión social del Estado, con el Ministerio de Previsión Social, la Caja de Pensiones, las Direcciones de Salud y leyes sobre contratos laborales, salario, jornada y sindicatos. Este conjunto de políticas, que por primera vez en la historia definió el activo papel del Estado en la economía y en el trabajo, fue ampliamente respaldado por los sectores medios y populares del país. Naturalmente provocó la reacción de las oligarquías y en especial de la plutocracia que lanzó una campaña regionalista permanente, intentando movilizar el “guayaquileñismo” y sosteniendo que “el oro de la Costa se quieren llevar los serranos”.

Pero la Revolución Juliana, que incluso se inició en Guayaquil, recibió amplio respaldo popular en la misma ciudad. Víctor E. Estrada, ilustre banquero guayaquileño, no solo saludó a los julianos, sino que se consideró un precursor de sus ideas económicas. El esfuerzo de los gobiernos julianos por obras y mejores condiciones de salubridad y servicios médicos en Guayaquil fue reconocido en la misma época. Y la legislación social protegió algo más a los trabajadores, de cuyas filas provinieron los muertos del 15 de noviembre de 1922, víctimas de la represión de las mismas oligarquías que resistieron a las transformaciones julianas.

En las fiestas de Guayaquil y en el calendario histórico del Ecuador, la Revolución Juliana ocupa un sitial importante por su posición social y antioligárquica. Por eso es que los grupos de poder procuran tapar el significado de dicha revolución para el Ecuador y en Guayaquil la tildan de “ignominiosa”. Ese tipo de ataques, como en la actualidad, siempre han estado presentes cuando existen gobiernos que golpean los intereses de las élites del poder.

5
Ene

Juan Paz y Miño: Deuda ilegítima: ayer y hoy (4)

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Las negociaciones para “honrar” la ilegítima “deuda de la Independencia” son una mancha negra en la historia del Ecuador. Por eso, en 1896 Eloy Alfaro suspendió unilateralmente los pagos, para intentar un arreglo equitativo y honroso para el país.

Como el “crédito” internacional estaba afectado, desde la época de García Moreno, cuando aparecieron los primeros bancos, el raquítico Estado tuvo que acudir a los préstamos de la banca privada. Y esa realidad continuó durante la hegemonía liberal (1895-1925), sustentada en el auge del cacao. Así se fortaleció una poderosa oligarquía comercial-financiera, particularmente asentada en Guayaquil.

La deuda pública con la banca privada creció. Hasta que el dominio de la “plutocracia”, que mantuvo sometido al Estado, concluyó con la Revolución Juliana (1925) que por primera vez en la historia fiscalizó a los bancos. La circulación de billetes excedía el respaldo legal, que incluso la había fomentado la suspensión de la “convertibilidad” (canjear los billetes por oro) lograda por los banqueros en 1914. El Banco del Pichincha fue multado en S/. 55.276,50 y el poderoso Banco Comercial y Agrícola de Guayaquil en S/. 2.237.083,33, lo que aceleró su cierre.

Durante los gobiernos julianos -incluye a Isidro Ayora (1926-1931)- y, además, con el concurso de la Misión Kemmerer, fue posible consolidar un sistema fiscal centralizado, introducir la reforma impositiva y con ello el impuesto a la renta, institucionalizar la atención estatal a favor de los trabajadores y crear las principales instituciones para la modernización económica del país: Caja de Pensiones, Ministerio de Previsión Social, Direcciones de Salud, Contraloría, Superintendencia de Bancos, Ley de Presupuesto, etc.

Lo más importante fue la creación del Banco Central del Ecuador (1927), resistida como declaratoria de guerra por la banca privada, especialmente en Guayaquil. En adelante el BCE mantuvo el monopolio de la emisión, el control de las tasas de cambio, el tipo de interés y otras políticas monetarias. Desde entonces, controlar el BCE e influir en las políticas monetarias, ha sido un objetivo sistemático de las oligarquías ecuatorianas. Desde el gobierno de León Febres Cordero (1984-1988) el BCE fue cada vez más recortado. Y la dolarización (2000) fue una forma de “retirar” al Estado de la economía y “privatizar” la emisión en manos de una moneda extranjera.

Ante nuevas dificultades fiscales, en 1932 Alfredo Baquerizo Moreno conminó al BCE para la entrega de un crédito al gobierno por 15 millones de sucres. El asunto casi deriva en el fin del BCE, que concluyó prestando 12 millones. Ese gobernante inauguró otra política: acudir a los fondos del BCE. Algo que también aprenderían las oligarquías ecuatorianas, que pronto demandaron los recursos estatales para financiar buena parte de sus actividades privadas, a pretexto de “disminuir” el gasto público. Una exigencia ampliamente lograda en el Ecuador durante los últimos veinticinco años “neoliberales” y que todavía se demanda. Continuaremos examinándolo.

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