30
Ene

Eduardo Galeano: Operación Plomo Impune

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Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó limpiamente las elecciones, en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador. Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen.

Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas, acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelita usurpó. Y la desesperación, a la orilla de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está negando, desde hace años, el derecho a la existencia de Palestina.

Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa. Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa.

No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho.

Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros.

¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza? El gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco para acabar con ETA, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar Irlanda para liquidar al IRA. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna impunidad? ¿O esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos?

El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quién mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales. En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica.

Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí.

Gente peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki.

La llamada comunidad internacional, ¿existe? ¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? ¿Es algo más que el nombre artístico que Estados Unidos se pone cuando hace teatro?

Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas rinden tributo a la sagrada impunidad.

Ante la tragedia de Gaza, los países árabes se lavan las manos. Como siempre. Y como siempre, los países europeos se frotan las manos.

La vieja Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, derrama alguna que otra lágrima, mientras secretamente celebra esta jugada maestra. Porque la cacería de judíos fue siempre una costumbre europea, pero desde hace medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada a los palestinos, que también son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas. Ellos están pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta ajena.

(Este artículo está dedicado a mis amigos judíos asesinados por las dictaduras latinoamericanas que Israel asesoró.)

Aparecido en el semanario Brecha, de Montevideo, el 16 de enero de 2009

7
Ene

Tomás Hirsch: Los pacifistas israelíes y palestinos son el ejemplo para el mundo entero.

tomas_hirschMiles de jóvenes israelíes están en las calles para exigir a su gobierno que detenga la invasión a Gaza. Muchos son encarcelados, al igual que los objetores de conciencia, soldados o convocados al ejército que se niegan a cruzar la frontera para ir a territorios palestinos.

También jóvenes palestinos protestan contra la violencia israelí pero también para exigir a Hamas que detenga los ataques de misiles y de cualquier tipo.

Organizaciones judías y palestinas están unidas en la Marcha Mundial por la Paz y la No violencia, despertando la conciencia de los pueblos para poner fin a la locura de la violencia.

No es fácil levantar la voz de la Paz cuando la violencia se ha desatado, ni es fácil soportar la agresión de tu propia gente cuando descarga su temor y su rabia contra ti. Los pacifistas palestinos e israelíes son un ejemplo para el mundo entero.

No es su punto de vista el que publican los periódicos, no son sus esfuerzos los que nos muestra la prensa. Sólo nos llega la propaganda y la contrapropaganda de los que mandan en un bando o en otro justificando sus acciones.

Las poblaciones están atemorizadas y violentos de ambos bandos tratan de atemorizarlas más aún. Así contaminados de miedo y de venganza tratan de controlarnos para sus propios intereses.

Repudiamos la violencia del Estado de Israel y repudiamos la violencia de los grupos armados palestinos. Sólo una conciencia no violenta podrá detener la violencia y si esa conciencia hoy es pequeña tendremos que hacerla crecer.

La invasión a Gaza del ejército de Israel debe detenerse de inmediato. El pacifismo palestino tiene que fortalecerse para detener a Hamas y cualquier grupo armado. Es necesario un Estado Palestino y la comunidad internacional es responsable de que esto suceda. Somos todos responsables de humanizar nuestros pueblos.

Se están desatando situaciones de extrema violencia en el mundo entero, cada vez más difíciles de detener. Tenemos que cambiar la atmósfera psicosocial en la que estamos inmersos. Este es el objetivo de la Marcha Mundial por la Paz y la No Violencia y ésta su petición más importante: el Desarme Nuclear Mundial. Este es el primer paso para revertir la dirección de los acontecimientos. Lograrlo es un cambio revolucionario para la humanidad. ¿Cual será nuestro destino si no lo intentamos?

La Marcha Mundial es una causa en que convergeremos todas las razas, todos los pueblos, todas las culturas, todas las religiones superando el sufrimiento que causamos a otros pueblos y el sufrimiento que nos han causado. Nos unimos para lograr el futuro no violento que ya emerge de la profundidad del ser humano.

(Remitido por Carlos Crespo, líder ecuatoriano del Movimiento Humanista)

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