20
Feb

Luis Alberto Mendieta: La Revolución Ciudadana desde adentro: Una crónica necesaria. II

I. Los Forajidos

A ver: En realidad todo empezó (para mí) en cuanto el gobierno del Presidente Correa tomó posesión del Gobierno Nacional. Mis esperanzas, debo reconocerlo, fueron muchas y encontré en él al individuo que tanto pedía la gente: un hombre resuelto, noble y talentoso, al que no le tiemble el pulso a la hora de tomar decisiones, por duras que sean, dentro del contexto de la Revolución Ciudadana.

quitomanifestacion050420Esta revolución, a mi parecer es algo más que un eslogan de campaña, porque venía yo de un proceso político urbano, conocido como las Asambleas Territoriales de Quito, célebres en el bajo mundo de coroneles “mejores amigos” de presidentes extranjeros y la prensa vendida de siempre. Los llamaban, como sabemos, Forajidos. Gente que los canales de televisión se obstinaron en mantener bajo tierra para evitar cambiar el statu quo, que finalmente cambió, para su despecho. Es allí donde empezó a gestarse la verdadera Revolución Ciudadana, de manera caótica e inmadura sin duda, ¡pero había que ver el fervor de esa gente!

Llenaban salones enteros toda clase de intelectuales, profesionales diversos, políticos de barrio, vecinas curiosas, gente de derecha… había de todo sin duda. Unos en sincera búsqueda de un cambio, y la mayoría por ver si se podía pescar algo a río revuelto.

¡Y vaya usté a ver esos discursos! Inflamados de patriotismo, de esperanzas de cambio. Incluso podía percibirse en el ambiente cierto consenso en la voluntad de cambiar la patria a como dé lugar, lo cual estremecía a algunos, que esperaban y esperan la revolución tomándose un cafecito, una lucha social que no les cree la más mínima incomodidad.

Poco a poco empezaron a juntarse viejos revolucionarios de 20 o más años de lucha, intuyendo que esta era la ocasión que tan largamente habían esperado… Por mi parte, acababa de estrenarme como revolucionario, así que ignoraba los famosos tejes y manejes políticos de siempre, tan repugnantes en casos como el de Mahauad (¿así se escribe?), Abdalá Bucaram y Fabián Alarcón, este último la bazofia más impoluta de este trío de… ex-presidentes.

Creo que el asco de todos los acontecimientos políticos pasados fue lo que me impulsó a perseverar en esa causa, sintiendo que si quería ver cambios reales en este país, tendría que hacerlos con mis propias manos. Las manifestaciones y la lucha en las calles fueron algo de otro mundo, inolvidable. Algo muy parecido a una verdadera revolución social. Me acordé de mis viejos días de revoltoso, por el alza de pasajes en el colegio.

Era evidente la carencia de soporte intelectual, aunque precisamente por eso se realizaban reuniones con frecuencia, para construir la plataforma ideológica que viabilice la revolución asamblearia, pero entre tanto discurso emocionado y sus respectivas réplicas y contrarréplicas el tiempo pasaba y no se aterrizaba en concreciones, aunque en general los aportes eran valiosos y aprendí muchísimo, especialmente de la naturaleza humana, con su impresionante nobleza, y su escatológica miseria. Allí conocí que también existe la envidia política, como una maligna variante de la envidia vulgar, de tal modo que llegué a pensar que de verdad existe el diablo, porque se las ingenia para meter sus pecados capitales en los sitios más inesperados. Era como verlo brincar de alma en alma, al calor de los discursos, atizando entre carcajadas burlonas los sentimientos de las gentes. Todo un infierno de Dante.

Por otro lado estaba la continua lucha contra las “ratas del congreso”, que a ratos nos emocionaba por la enorme simpatía que levantaba en el pueblo quiteño y en todo el país. Los plantones, las marchas, los intentos de meterse a la brava al Salón del Pleno para sacar a patadas a los "honorables", hacían realmente entretenida la lucha en las calles. Pero no sólo de diversión vive el revolucionario.

Finalmente, el fervor cívico fue extinguiéndose, como suele ocurrir con las multitudes (ya lo anotaba Macchiavello en su Discurso sobre Tito Livio), y ante la falta de medios para mantener un impulso sostenido, además de la insistencia en alejarse de mecanismos tradicionales de acción de organigrama vertical (allí nadie mandaba oficialmente, pues se deploraba el sistema socio-económico en general y todo se hacía por consenso, es decir de manera horizontal, lo que implicaba graves problemas al momento de tomar decisiones profundas), el ritmo fue decayendo. Nadie quiso oír siquiera de lanzarse en pos del desarrollo de proyectos económicos, que dieran sustentabilidad al proyecto político y de manera especial dieran de comer (mi mujer ya no quiere dejarme entrar si no llego con el pan y la leche, dijo alguna vez algún compañero, en tono de broma pero con franca intencionalidad) a quienes quisieran mantenerse de manera constante en él, de modo que ante la falta de viabilidad, el entusiasmo fue menguando hasta que por último sólo un puñado de convencidos tuvo que reconocer que ese no fue el camino correcto y hasta allí la historia, a día de hoy. Y aunque se argumente lo contrario, la verdad es esa, porque los resultados están a la vista.

El caso es que cierto pesimismo inicial que había mantenido, previo a las elecciones presidenciales, se convirtió de este modo, no puedo negarlo, en franco entusiasmo, porque en definitiva cuenta, se había alcanzado el poder (decía yo) y fue así como decidí integrarme al Movimiento País, porque sentí que esta vez sí podía cambiar, como pensé al enrolarme en las Asambleas, con mis propias manos todo lo que estaba fallando. Sentía que la lucha de las asambleas urbanas era ni más ni menos que el preámbulo de la Revolución Ciudadana: que todo el tiempo empleado en reuniones, talleres, conversatorios, intentonas de meternos al Congreso y tal, fue bien empleado. Concluí que la Revolución Ciudadana se empezó a gestar con aquello que llaman pomposamente “la revolución de los forajidos”, que en realidad, hay que decirlo, fue una revuelta, una conmoción social, pero no una revolución. La verdadera revolución, me relamía pensando, acaba de empezar. Y aún lo creo. Pero al parecer los actores no serán los que imaginé en aquél tiempo.

1ra. Parte

3ra. Parte

4ta. Parte

18
Feb

Luis Alberto Mendieta: La Revolución Ciudadana desde adentro: Una crónica necesaria. I

Introducción.-

Hay veces en que el respeto a la índole personal es intolerable y hasta peligroso, en especial cuando los intereses de un pequeño grupo afectan a una gran mayoría. Ha ocurrido siempre, y de seguro continuará ocurriendo mientras nuestra especie habite sobre la faz del planeta, porque la primitiva condición humana exige la satisfacción de necesidades personales sin importar las del resto, y hay casos en los que la condición de algunas personas es mucho más “humana” que la de los demás.

Todo empezó la noche del 15 de octubre de 2008, fecha en que se publicó el “Reglamento para las Elecciones Primarias” del Movimiento País. Tome nota, estimado lector o lectora, porque ese día, en mi opinión, marca un hito político que permitirá comprender la profundidad y jerarquía de hechos que parecieran tener nada más una importancia pasajera.

Pero para llegar hasta ese punto es necesario mirar en retrospectiva todo los hechos, en la secuencia en que ocurrieron, tal como los viví.

No se trata de impresionar a nadie. Simplemente quiero publicar una crónica, necesaria sin duda, de alguien que vivió el proceso hasta finalizar las Elecciones Primarias. ¿Por qué afirmo que miro la Revolución desde adentro? Porque en realidad la viví desde adentro. No quiero decir que haya estado en Carondelet como Pedro por su casa, enterándome de los pormenores del ejercicio del poder. Al contrario, lo que quiero mostrar es simplemente una breve bitácora de un revolucionario de a pie, que pretende cambiar a todo un país con nada más la fuerza de su convicción personal, además de mucho afán, tenacidad y persistencia, y que muchas veces se sintió tentado a claudicar. Esta memoria se cuenta mirando desde abajo de la tarima, desde atrás del escenario: el mejor lugar para conocer anónimamente los detalles gratos o escabrosos de cualquier espectáculo, porque a los espectadores siempre se les muestra el vestuario más vistoso, las modelos más despampanantes, evitando que el payaso ebrio se suba al proscenio, cubriendopudorosamente la caída del corpiño de la actriz en ejercicio con oportunos desvanecimientos de luz…

¿Para qué esta crónica? ¿Odio destructivo? ¿Búsqueda irracional de venganza? ¿Furiosa impotencia? ¿Adolescencia política? Por supuesto que no.

De hecho, aún no he empezado y a muchos lectores no habrá sorprendido que cuente implícitamente el desenlace de la historia con los interrogantes previos, lo que no quita en lo absoluto interés al relato, por la razón de que es más fascinante conocer los entretelones, puesto que la mayoría sabe perfectamente que el proceso no sólo adoleció de humanos errores, sino que fue mucho más allá.

Simplemente quiero mostrar esta experiencia particular de mis primeros pasos en la política, que como se verá, afortunadamente no son muchos, si se la mira desde la lente pragmática de aquello que suelen llamar, apostrofando a Macchiavello1, maquiavelismo. Digo afortunadamente porque así me ha sido posible mirar sin prejuicios cada acontecimiento, en calidad de "compañerito de las bases". Y la idea al publicar esta relación es mostrar a quien quiera saberlo, una panorámica general de lo que es la política actualmente en mi país, con la finalidad de NO volver a cometer los mismos errores, o al menos de desnudar algo que está innecesariamente semioculto.

Empezaré con el preámbulo de la Revolución de los Forajidos, porque en realidad es allí donde comienza esta historia.

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1 Él, como se sabe, simplemente mostró sin hipocresías las prácticas políticas de su tiempo.

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21
Nov

Eloy Alfaro Reyes: El deber ser de la política de izquierda, 1ra. PARTE

Sobre el deber ser de la lucha social, el gobierno de Correa y el proceso constituyente en el Ecuador: un análisis de su gobierno.

Por: Eloy Alfaro - Enero 2008


Antecedentes

Este artículo busca desde una lectura del deber ser de la política, aportar en debates que lleven a profundizar los cambios que el país necesita, en un momento histórico como el que vive. Es decir nos planeamos entender la realidad del momento que vive el Ecuador con el gobierno de Rafael Correa, llamado así mismo el gobierno de la revolución ciudadana, mirándolo a través de los lentes de aquello que algunos sectores políticos del país hemos buscado en todos estos años de lucha, un cambio del país a un modelo de desarrollo socialista como única salida al capitalismo.

A través de los lentes de este deber ser socialista radical, pretendo analizar, no sólo lo que es o ha sido este gobierno, sino sobre todo lo que podría ser. Ese podría ser, no como crítica al gobierno y sus colaboradores, sino sobre todo, como un desafío a las organizaciones sociales responsables de estos años de lucha en el Ecuador, que llevaron a Correa a jefe de estado, a no desentendernos de nuestra responsabilidad histórica en los cambios. Este deber ser, es también una invitación a este gobierno a ir más allá, a conseguir cambios radicales. El deber ser también es un llamado a no perder la utopía, entendida como aquello que nos ayuda a caminar pisando firme, a no dejar de soñar y construir. Estoy convencido que la “revolución” del verde limón (los colores del movimiento de gobierno), no es el fin, sino el medio… quizá la tareas inmediatas para la izquierda y el pueblo en general es responder ¿medio para llegar a donde?

Este ensayo se compone de cuatro partes: la primera hace un recuento de los últimos 30 años de política y movilización en el país y los resultados obtenidos. La segunda es una mirada al primer año de gobierno desde las aristas más características, la tercera parte es una mirada a los actores de la actual coyuntura. La cuarta parte son los desafíos y conclusiones.

Primera Parte:

Un recuento, para que no nos coman cuento

Un Gobierno como el de Correa en un país como el Ecuador no se lo puede entender, sin mirarlo desde una perspectiva histórica en estos últimos treinta años (fin de la dictadura y vuelta a la “democracia) y más concretamente en estos últimos 10 años (de crisis institucional y democrática) acentuada y evidente. En esta última década distinguimos tres momentos importantes:

1. “Bucaran Fuera” 5 febrero 1997, el pueblo se levanta contra el gobierno de Abadalá Bucaran, por la subida de los precios de primera necesidad incluido el gas y por la fuerza de la protesta el congreso lo declara “inhábil” para gobernar y lo destituye. En una de las maniobras más sucias de la historia del congreso nacional, asume el poder de manera interina, el presidente del Congreso, quién durará en su cargo hasta la redacción de la nueva constitución. Al finalizar su periodo un juicio penal, por desfalco al estado, lleva al interino a la cárcel. Resultado de la revuelta: se fue el presidente malcriado y se quedó la derecha educada.

2. En diciembre de 1999, la Asamblea de los pueblos conformada por las más grandes y potentes organizaciones sociales del país, deciden iniciar medidas de hecho en todo el país, ante la ola de inestabilidad económica y política que vive el Ecuador. Parte de esta inestabilidad se expresa en la serie de leyes aprobadas por el congreso como la Trole IyII que implican la definitiva entrega del país al modelo neoliberal. La principal decisión implica el cierre de los tres poderes del estado, que se concreta efectivamente en tomas de estos espacios públicos. El presidente Mahuad, decide la dolarización como acción para salvarse y frenar la inflación. Las acciones de resistencia se concretan en la toma de los tres poderes por parte del pueblo, provocando la huída del presidente, el 21 de Enero del 2000. Se queda la dolarización, el congelamiento bancario y 8 mil millones dólares de los depositantes son robados por los banqueros amigos del gobierno derrocado. En los próximos 7 años, 3 millones de personas salen del país en busca de mejores días a Europa y USA. Ahora Jamil Mahuad da clases sobre gobernabilidad en Harvard, donde aprendió prácticas de buen gobierno.

3. Lucio Gutiérrez, un militar populista asume el poder apoyado por los sectores de izquierda, gracias a quienes gana las elecciones. Una vez posesionado en el gobierno, se hace llamar “el mejor aliado de Bush y su hermano menor”. Esa fue la característica de su gobierno la entrega del país a los intereses de las multinacionales de USA y el Departamento de Estado. Gutiérrez logró en seis meses, lo que todos los gobiernos anteriores juntos no lograron: la profundización del modelo neoliberal. Los efectos no se hicieron esperar, subida de precios, falta de empleo y sobre todo corrupción en todos los niveles. La población cansada de los políticos de todos los colores (a quines los considera cómplices de la situación en la que se halla el país) se moviliza en las noches, durante 7 días, bajo el grito de ¡Fuera todos!, logrando con ello que el 19 Abril 2005, el “dictócrata” como se hacía llamar Gutiérrez, huyera del palacio de gobierno, ante la masiva movilización popular. Esta acción es conocida como la Rebelión de los forajidos.

Haciendo un acercamiento a estos tres momentos, podemos decir que el pueblo en los dos primeros casos quería que se vayan y punto. Así fue, se logró la huida de los dos presidentes y se quedaron las medidas tomadas. Pero el último caso es particular, pues viene acompañado de un grito… “fuera todos”, este grito tiene un carácter fundacional, un carácter de génesis, de búsqueda de algo nuevo, que implica necesariamente terminar con lo anterior, aquello con lo que no se está de acuerdo. Es decir la movilización que derroca a Gutiérrez, es diferente a las dos primeras, pues avanza en la búsqueda de cambios, se nutre de un espíritu transformador.

Ese espíritu después de 30 años de lucha, lo encarna Correa que asume en su discurso y propuesta, los sentires y demandas de cambio que busca el pueblo ecuatoriano. Es decir Correa se monta sobre un espíritu de cambio que construyó y creó el pueblo en distintas etapas de lucha, con victorias y retrocesos en estos últimos 30 años. Correa es producto de años de lucha, de sujetos sociales que sobrevivieron a décadas de opresión, que no claudicaron, que a pesar de todas las dificultades no han dejado pasar ni un minuto en cuestionar al sistema. Vale aclarar que Correa no se forma en la calle, en la barricada, si en la academia.

En estos 30 años de vuelta a la “democracia”, hemos sido testigos de cómo los tres poderes de la democracia liberal quedan en cuestión. Así: nadie cree en la función judicial (tuvimos 8 meses sin corte suprema y a nadie le importó). Nadie cree en el congreso, que ha sido la herramienta eficaz que ha tenido la derecha para legitimar el robo y la corrupción capitalista, un ejemplo del descrédito del Congreso es que, en las últimas elecciones el voto nulo, obtuvo más votos que el diputado más votado, nadie quiere un congreso de alquiler, un congreso con precio. Nadie cree en el ejecutivo, en los últimos 10 años tuvimos 7 presidentes.

Pero no sólo que nadie cree en la democracia, sino también en este modelo al cual la derecha llevó al país. Pues producto de las constantes luchas (11 levantamientos indígenas y populares en 12 años) se frenó la implementación del neoliberalismo de la manera salvaje como “sugerían” las multilaterales. Estos 30 años muestran que es necesario pensar en un nuevo modelo de estado, no aquel estado capitalista liberal de 3 poderes, sin participación del pueblo, sino un estado con Poder Popular, con y desde el pueblo.

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