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Jun

Miguel d'Escoto abre la Conferencia sobre Crisis y Desarrollo en la ONU

ALAI AMLATINA, 24/06/2009.-  El presidente de la Asamblea de las Naciones Unidas, Miguel d’Escoto Brockmann, inauguró hoy, 24 de junio, en Nueva York, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Crisis Financiera y Económica Mundial y su Impacto Sobre el Desarrollo, con un discurso sobre "La actual crisis financiera y económica mundial a la luz del bien común de la tierra y de la humanidad".

El evento, llamado también el "G192", reúne a altos representantes de los gobiernos del mundo para explorar soluciones, no solo a la crisis económica y financiera, sino al conjunto de crisis que amenazan a la humanidad y al planeta, ya que, como afirmó d'Escoto, "los retos de las diferentes crisis están todos interconectados y nos obligan a nosotros, representantes de los pueblos de la Tierra, a proclamar nuestra responsabilidad unos hacia los otros y a que juntos, con gran esperanza, busquemos soluciones incluyentes."

El ex canciller nicaragüense advirtió que: "No es humano ni responsable construir una Arca de Noé que salve solamente al sistema económico imperante dejando a la gran mayoría de la humanidad a su propia suerte, sufriendo las nefastas consecuencias de un sistema impuesto por una irresponsable, aunque poderosa minoría."

Al prevenir que "hemos llegado a la última frontera", d'Escoto subrayó la necesidad de buscar un modelo sostenible de vivir.  "El egoísmo y la codicia no se pueden remendar. Tienen que ser sustituidos por la solidaridad y eso, obviamente, implica un cambio radical. Si realmente lo que queremos es una paz estable y duradera, debemos estar absolutamente claros que debemos ir más allá de controles y correcciones del modelo existente y crear algo que apunte hacia un nuevo paradigma de convivencia social.  (…) Hemos construido una economía globalizada. Ahora es el momento de crear una política y una ética globalizadas a partir de las muchas experiencias y tradiciones culturales de los diferentes pueblos", afirmó.

Este reto, según el Presidente de la Asamblea, implica incorporar la óptica que viene de las ciencias de la Tierra, según las cuales la Tierra está insertada dentro de un vasto y complejo cosmos en evolución.  "Esta concepción contemporánea se compagina con la ancestral visión de la Humanidad y de los pueblos originarios para los cuales la Tierra siempre fue y es venerada como Madre", subrayó, añadiendo que "Lamentablemente, a raíz de nuestro excesivo consumo y despilfarro, la Tierra ha ultrapasado ya en 40% su capacidad de reposición de los bienes y servicios que generosamente nos ofrece".

De esta óptica debe nacer una nueva ética planetaria del bien común, cuya primera afirmación, según d'Escoto, consiste en proclamar y salvaguardar el Bien Común de la Tierra y de la Humanidad; se trata de bienes que no pueden ser apropiados privadamente por nadie y deben servir a la vida de todos, de las presentes y de las futuras generaciones y de la comunidad de los demás seres vivientes, señaló.

Estos bienes fundamentales serían: la propia Tierra, la biósfera de la Tierra -especialmente el agua, los océanos y los bosques-, los climas de la Tierra y la propia Humanidad como un todo.  Respecto a esta última, d'Escoto plantea como indispensable la abolición de las armas nucleares por completo, no simplemente reducción o no proliferación.

Estrategias frente a las crisis

A la luz de estos principios éticos, el Presidente de la Asamblea puso a consideración cinco estrategias de salida a las actuales crisis, con miras a dar las bases para lo que llama una biocivilización:-

"Primero: la utilización sostenible y responsable de los escasos recursos naturales. Esto implica superar la lógica de la explotación de la naturaleza y fortalecer la relación de respeto y de sinergia.

"Segundo: devolver a la economía su debido lugar en el conjunto de la sociedad, superando la visión reduccionista que la hizo el gran eje estructurador de la convivencia humana. La economía debe ser respetuosa de valores y no fuente de valores; debe ser vista como la actividad destinada a crear, dentro del respeto de las normas sociales y ecológicas, las bases de la vida física, cultural y espiritual de todos los seres humanos sobre el planeta.

"Tercero: generalizar la democracia a todas las relaciones sociales y a todas las instituciones. No solamente aplicarla y profundizarla en el campo político, con una nueva definición del Estado y de los organismos internacionales, sino también ampliarla al área de la economía, de la cultura y de la relación entre hombres y mujeres para que sea un valor universal y verdaderamente una democracia sin fin.

"Cuarto: forjar un ethos mínimo desde el intercambio multicultural y desde las tradiciones filosóficas y religiosas de los pueblos, a fin de que puedan participar en la definición del Bien Común de la Humanidad y de la Tierra y en la elaboración de nuevos valores.

"Quinto: potenciar una visión espiritual del mundo que haga justicia a las búsquedas humanas por un sentido trascendente de la vida, de la labor creativa de los humanos y de nuestro corto tránsito por este pequeño planeta".

Asimismo, d'Escoto nombró cinco principios éticos para mantener viva la realidad dinámica y en construcción del Bien Común de la Humanidad y de la Tierra: el respecto, el cuidado, la compasión, la responsabilidad universal y la cooperación.

Para concluir, expresó la profunda convicción de que el escenario actual no es de tragedia sino de crisis.  "La tragedia termina mal con una Tierra desvastada pero que puede continuar sin nosotros.  El actual dolor no es el estertor de un moribundo, sino el dolor de un nuevo parto", declaró.  Y recordó a los representantes de los gobiernos que "para poder aprovechar las oportunidades que la actual crisis nos presenta, tendremos que deponer actitudes egoístas.  Estas, en verdad, sólo buscan preservar un sistema que, supuestamente, beneficia a una minoría y claramente tiene nefastas consecuencias para la inmensa mayoría de los habitantes del planeta".

24
Dic

Rubén Darío Buitrón: Mirándonos en el espejo

Mirándonos en el espejo

rubendariobuitronPor Rubén Darío Buitrón

¿Qué actitud adoptar ante el otro, ante el que no es como nosotros? ¿Cómo tratarlo? ¿Hay que intentar conocerlo? ¿Es ético buscar la manera de acercarnos y entenderlo?

Esas preguntas debieran asaltarnos con frecuencia. Asecharnos y obligarnos a salir de la casa de espejos donde estamos atrapados.

Atrapados en la casa de espejos donde hablamos para nosotros. Donde no nos importa lo que piensen los otros. Donde escribimos contra los otros. Donde subestimamos a los otros. Donde repudiamos la opinión de los otros. Donde no escuchamos la voz de los otros. Donde quisiéramos callar, para siempre, las ideas de los otros.

Atrapados en la casa de espejos que nos impide mirar, entender, admitir que por fuera de estos enormes espejos habita una sociedad vital y compleja que no la vemos, que no la escuchamos, que no la sentimos, que no somos capaces de percibir.

Atrapados en la casa de espejos donde no son posibles la deliberación ni el disenso. Donde quienes tienen el poder solo reconocen su propia imagen y al mirarse en ella arrasan con todo lo que no encaje en sus proyectos, visiones, maneras de entender la vida, la realidad, el futuro.

En la casa de los espejos no es posible la tolerancia, el respeto, el espacio para el otro. Ni siquiera es posible la coexistencia con el otro: si nosotros tenemos la razón, si nosotros representamos la sensatez, si nosotros somos los heraldos de la ética, si nosotros tenemos las herramientas para difundir y multiplicar y expandir nuestra hegemonía ideológica, política, económica y social, ¿para qué escuchar la palabra del otro, del diferente, del distinto? ¿Para qué tomar en cuenta a los agoreros que pretenden alarmar advirtiéndonos que la intolerancia, la arrogancia y el desprecio a los otros podría conducirnos a la derrota colectiva, al funeral de los procesos reflexivos y a la demolición de escenarios para el debate y la búsqueda de consensos?

Muchas veces los periodistas también nos dejamos cegar por el resplandor de los espejos. Sin visión precisa, olvidamos que nuestro oficio solo tiene sentido en función de los demás y que el destino moral del periodismo son los otros conectados a nosotros.

El sabio griego Heródoto solía decir que cuando unos individuos cierran la puerta a otros individuos, por las razones que fueran, en el fondo son sujetos miedosos que adolecen de un complejo de inferioridad y tiemblan ante la perspectiva de verse reflejados en los sentimientos y las demandas y las necesidades y los pensamientos ajenos.

Cercados por las murallas que nos impiden ver más allá de nosotros mismos, no alcanzamos a entender que será imposible construir una sociedad más humana si seguimos mirándonos en nuestros espejos.

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