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El asesinato de Rafael Correa

Publicado en enero 19, 2011, por en política.

“Entre el patriotismo y el fanatismo hay la misma diferencia que entre la luz que vivifica y el rayo que extermina”.

Eloy Alfaro.

Seamos realistas: la muerte de este hombre podría cambiar el futuro de millones de personas. Algunos dirán que para bien, y otros que con él se va una esperanza de cambio que a la fecha ha durado casi cuatro años.

Durante este tiempo, a despecho de los políticos “dinosaurios”, de los economistas agoreros del apocalipsis socialista y de una derecha caprichosa, que hace berrinche porque le quitaron su  juguete caro, el país va consolidando un modelo que si bien merece más atención en cuanto a la VERDADERA participación ciudadana en los diversos  estamentos de poder (la mayoría son pantomimas lamentables, porque las decisiones se toman en otro lado), ha mostrado ser eficaz en cuanto a obra pública se refiere, aunque necesita  aún mucha atención en la asignatura pendiente (sigue así algún tiempo ya) de la generación a gran escala de fuentes de empleo, quizá con un Plan Nacional de Desarrollo Laboral, y una estrategia macro para incentivar la producción a todo nivel, pero en especial potenciando nuestras fortalezas, como la producción agropecuaria, turismo, exportación de bienes y servicios artísticos y profesionales, entre otros. Hay que reconocer que cuatro años son poco tiempo para solucionar los GRAVES problemas que aquejan a nuestro país, heredados de administraciones anteriores.

Pero vamos al tema de fondo: ¿Qué pasaría si Correa muriese? Esto sin el más mínimo asomo de proponer de manera alguna un descabellado magnicidio.

¿Se acabaría la revolución, ciudadana, “forajidense” o como queramos llamarla? ¿Qué líderes se levantarían a partir de tal hecho, como posibles opciones de continuidad?

Está claro que nuestro Vicepresidente es una persona simpar y de un corazón enorme, pero el liderazgo necesario para asumir la responsabilidad de primer mandatario, continuar con el proyecto de país, y profundizarlo (algo que Correa casi con seguridad NO hará), requiere de una habilidad política REALMENTE especial… aunque nunca se sabe. Habría que barajar nombres y analizar el escenario. Ese es el motivo del presente análisis.

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Rafael Correa ha muerto: ¡Viva el Rey!

Más allá de la crónica roja, leer algo así en los titulares de prensa no solo causaría consternación en todos sus seguidores y seguidoras, sino con certeza una conmoción política de proporciones impredecibles.

Naturalmente, hay personas que se alegrarían con semejante noticia, en especial ciertos grupos “aristocráticos” de extrema derecha, y partidos de raigambre oportunista, como Sociedad Patriótica, cuyas vinculaciones con el imperialismo fueron evidentes ya en la  administración del coronel Gutiérrez, cuando él mismo se declaró “el mejor aliado de los Estados Unidos”.

Ahora, vayamos más allá del fallecimiento de un ser humano, lamentable sin duda en todos los casos, pero más aún en este, por sus implicaciones, para configurar un escenario figurado, invitando al lector a opinar sobre los que se le ocurran adicionalmente.

Pero antes de eso analicemos brevemente la Historia de nuestro país, para recordar algunos casos de líderes irremplazables, adjetivo utilizado sin sombra de ironía, por la simple razón de que ocurrió así realmente, para bien o para mal. Empecemos con alguien cuya muerte significó para el Ecuador una auténtica calamidad por las consecuencias que trajo.

Eloy Alfaro, en su lucha por dar continuidad a los vientos del liberalismo, debió usar todo lo que en aquella época era políticamente correcto, incluyendo las armas. Sus oponentes mientras tanto fueron creando desconfianza en el populacho, apoyados con efectividad desde el púlpito (sembrando miedos atávicos y fanatismo religioso), en una labor sostenida que duró varios años. La combinación de circunstancias adversas en el Congreso (por intereses creados, naturalmente), junto con una milicia cuyos oficiales estaban capitaneados por un traidor de oficio[1], Leonidas Plaza Gutiérrez, hombre  ávido de poder y fiel esbirro de la aristocracia, lo obligaron a dimitir en 1911. Alfaro cometió el error de perder control sobre ambos estamentos, pues el hecho de ser líder populista tiene el inconveniente de imposibilitar la articulación de planes con otros líderes de confianza, que sean fieles a la causa, y Plaza Gutiérrez demostró ya en 1890 que no era hombre fiable, al traicionar al presidente salvadoreño Carlos Ezeta, luego de recibir recomendación de Alfaro[2].

En resumen, sostengo que una de las razones decisivas de la terrible “Hoguera Bárbara” del 28 de enero de 1912, además de otras de carácter moral[3] y estratégico, fue la falta de líderes fieles (copartidarios leales a la causa)  que mantuvieran control sobre el congreso y la milicia.

La muerte de Alfaro, como sabemos, significó el final de una etapa progresista, claramente identificada en la historia de Ecuador como una época de prosperidad, de cambios positivos y profundos.

Desde mi visión, recalco, no se tejieron estructuras políticas internas (de partido, con nuevos líderes que emergieran como candidatos válidos  a Presidente), que consolidaran el liberalismo en las esferas de poder, con sus lugartenientes, en un proceso de largo aliento. La población tenía influencia en los procesos políticos, solo en caso de revuelta, y una acción eficaz implicaba el conquistar las esferas de poder, teniendo siempre a la mano a la muchedumbre, en caso de necesidad.

Jaime Roldós. El asesinato de Jaime Roldós implicó el matar en la cuna a la recién nacida democracia post-dictadura, a manos de un imperialismo con un proyecto político añejo, seguido a pie juntillas y radicalizado luego de la Segunda Guerra Mundial. En este caso, el líder no es tan importante como su circunstancia, pero su muerte da fe de que sus intenciones iban contra corriente. El mensaje del imperio fue claro: Aquí mandamos nosotros. Y así sucedió exactamente.

El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y los organismos multilaterales, liderados por el gobierno del Norte, lograron hacer alianzas (cuando no colocaron a sus hombres de confianza en el poder),  con políticos locales para llevar el país al precipicio económico, con fórmulas absurdas, impuestas rígidamente en toda América Latina, y rígidamente ejecutadas por sus procónsules, dígase León Febres Cordero, Sixto Durán Ballén y Jamil Mahahuad.

En este caso, como siempre, la debacle política se encuentra en la ausencia de estructuras políticas que obedezcan a los intereses del pueblo, y no al de sus élites, pero males endémicos en Ecuador son el celo y el egoísmo, que impiden mirar los talentos de sus pares como una vía a la superación conjunta, en lugar de una amenaza personal.

Velasco Ibarra. Debo reconocer que siempre me deslumbró el carisma de este hombre, su idealismo, su extensa cultura, sus inigualables talentos oratorios. Una de sus alocuciones tiene la semilla ideológica, el discurso que heredó de él un pueblo amargado por la sucesión interminable de gobiernos protervos.

Ya en la práctica, sus financistas se regodeaban en los talentos del líder, a sabiendas de que NINGUNO de sus ofrecimientos era viable, e incluso él mismo lo sabía, pero es que en realidad no era un político: fue un gran orador en busca de balcones donde demostrar su talento. Pero también fue ideólogo:

“Nuestra Revolución ecuatoriana, es una revolución eminentemente original. Nuestra Revolución, no amenaza atropellar a nadie, violar los legítimos derechos de nadie, impedir las iniciativas de nadie.

Exigimos, que todos los ecuatorianos, ricos y pobres, contribuyan con su esfuerzo, con su trabajo y con su persona, a procurar la práctica de la justicia para cada uno de los trabajadores del Ecuador”…

Audio original de una parte de ese discurso:

[audio:http://politicaysociedad.com/sonido/velasco_ibarra.mp3]

Si hubiera sido político, habría organizado estructuras partidarias que consoliden sus ideales, pero entre la fascinación por el poder (además de una especie de deidificación de su persona que le convenía mantener entre la gente), su propia negligencia y la naturaleza infame de muchos de los que le rodeaban, asumo que no encontró incluso las condiciones humanas para pensar en una auténtica revolución[4].

No estoy de acuerdo con quienes afirman que Velasco Ibarra era un simple populista sin otro objetivo que la búsqueda del poder. Muy acorde al estilo que tenemos los ecuatorianos de actuar, este hombre fue el reflejo de una sociedad mediocre, pícara y avergonzada de su origen, en búsqueda de pan para hoy, sin importar el día de mañana.

Ahora bien, si recordamos los fragmentos discursivos de las personas a las que se  extendió un micrófono durante la Rebelión de los Forajidos, escucharemos un discurso similar, que hablaba de una revolución pacífica, de una distribución más equitativa de la riqueza, con la participación de todos los ecuatorianos, o como se estila hoy: “de todos y todas”, queriendo decir en el fondo que es necesaria la unidad de voluntades y objetivos. El gobierno de Correa preconiza justamente estos conceptos[5], y aunque no deja de hallarse cierta falta de concordancia entre el discurso y los hechos, en la historia reciente no se había visto y sentido tan claramente un ambiente progresista como el actual.

CONCORDANCIAS ENTRE LA HISTORIA Y EL PRESENTE.

En todos los casos mencionados hay un factor común: EL POPULISMO[6], la fe irracional en UN SOLO líder, incestuosamente relacionada con la condición humana de éste, que cede a la tentación de sentirse irremplazable, único, hasta el punto de que sobre sus seguidores se cierne una suerte de maldición luego de su muerte.

Los lugartenientes del líder, conscientes de esta circunstancia, buscan “sacarle el jugo” al poder mientras gozan de él, a sabiendas de que durará un tiempo perentorio.

Por otro lado, y como primer caso, quienes rodean al líder  temen manifestar su liderazgo personal en busca de espacios que posibiliten visibilizarlo como sucesor, so pena de ser expulsados de este complejo (y viciado) ecosistema, porque el líder populista (así funciona el instinto humano), no admite que nadie pretenda pensar en un futuro sin él, ya sea que se pretenda dar continuidad al proceso, profundizarlo, o incluso revertirlo.

El otro caso es el que se ha visto siempre en Ecuador. Suelen tener éxito con él los traidores, indignos y todo aquél que juega sobre seguro, negociando con todas las partes en disputa, para ganar la partida. Manipula el poder desde adentro, mientras afuera conspira contra él si es necesario.

El problema es la falta de institucionalización del liderazgo, pero Ecuador al parecer aún no tiene la madurez política para ello.

La propuesta es razonablemente sencilla, aunque su aplicabilidad requiere tiempo. Consiste en crear instituciones de liderazgo social y político entre personas y colectivos urbanos, por un lado, y rurales por otro, financiadas por el Estado o por terceros. Estas escuelas serían de libre acceso, sin límite de edad ni sexo, con un pensum orientado a la Historia y Ciencias Políticas, inculcando la integración como objetivo crucial de todo proceso político, y reconociendo con agrado las habilidades de los más brillantes, como una herramienta adicional para la consecución de  objetivos nacionales. La finalidad de este proyecto es crear políticos profesionales, con marcos referenciales más universales.

Al concluir la formación, los alumnos/as deberían integrarse a los procesos políticos de su parroquia y/o provincia. Por otro lado, articularían la integración con líderes de otras escuelas, y juntos deberían emprender proyectos políticos de trascendencia nacional. El objetivo de fondo es crear liderazgos compartidos en pos de la consecución de objetivos nacionales, evitando a toda costa el populismo como instrumento político:

De vez en cuando emergen líderes que cambian al país por un tiempo, pero estos fallecen, caen en desgracia o son objeto de golpes de estado. Son seres excepcionales cuyos talentos brillan tan fuertemente, que alucinan a la multitud… hasta que caen. Luego vuelve a empezar el ciclo de políticos mercenarios y degradación política.

En el fondo está la mediocridad de una sociedad que no entiende esta anomalía (o no quiere entender, ya sea por astucia o porque carece de madurez política[7]), y cuya índole es  demasiado egoísta como para iniciar procesos políticos como el que acaba de proponerse.

Naturalmente los intereses personales son y serán siempre la motivación fundamental del ser humano, pero la responsabilidad compartida del poder implica mayor control sobre el presente y una distribución más equitativa del poder político.

ACTUALES FIGURAS POLÍTICAS CON OPCIONES DE OCUPAR EL SILLÓN PRESIDENCIAL.

Es interesante notar que dentro del mismo partido de gobierno, no se encuentran muchos ideólogos políticos de oficio, sino profesionales de diversas ramas dedicados a la política. Tampoco hay muchas personas opcionadas para suceder al actual presidente. Aunque el ascenso de cualquier partido o movimiento político, sin importar su orientación ideológica, atrae multitud de personas que llegan con el único fin de obtener beneficios personales, también hay quienes, al normal afán de superación, aúnan el deseo de construir procesos de cambio positivo.

Foto: Dolores Ochoa

Fernando Cordero Cueva se encuentra entre las personas que plegaron al proceso de la “Revolución Ciudadana”. Es antiguo militante del movimiento cuencano Nueva Ciudad, una suerte de extensión de Nuevo País, del periodista Freddy Ehlers. Gracias a este movimiento, creado por el mismo Cordero en 1996, pudo llegar a la alcaldía de Cuenca en ese año. El éxito logrado en su gestión como alcalde le proporcionó celebridad en todo el país, que pudo consolidar en la Asamblea Constituyente, y luego en la Asamblea Nacional, aunque siempre en un rol polémico, debido a su ciega anuencia a los designios de Rafael Correa. Por otro lado, posee el carisma suficiente como para enfrentar a opositores de la derecha, pero carece de habilidades oratorias notables, aunque hoy en día la gente tiende a desconfiar de los oradores grandilocuentes.

Cordero obtuvo nada menos que 598.075 votos[8] en apoyo a su candidatura como Asambleísta Nacional en las elecciones de 2009, lo que en términos de popularidad significa que cuenta con cierto respaldo nacional.

A manera de paréntesis, cabe mencionar que en las mismas elecciones, el entonces candidato a Asambleísta Nacional de Sociedad Patriótica, Gilmar Gutiérrez, ganó con 682.942 votos.

En definitiva, Fernando Cordero es uno de los hombres más influyentes del país, y puesto a pensar en una candidatura presidencial, no sin mucho esfuerzo, pero sin duda con voluntad, tiene serias posibilidades de ganar, en especial si razonamos sobre el indudable apoyo que Correa le facilitaría…

Alberto Acosta Espinosa es una voz cuya autoridad tiene un peso incuestionable en Ecuador, sobre todo debido a su estilo independiente y hasta contestatario, si se quiere, respecto al poder de turno. Sus conceptos respecto a su profesión de economista son muy respetados en la comunidad Latinoamericana, e incluso ha publicado varios trabajos con notables economistas de la región. Es importante mencionar todo esto, sin afán adulador, sino con el objetivo de mostrar a un hombre que ha construido una imagen personal de intelectual y patriota. Obtuvo 782,659 votos[9] en las elecciones para Asambleísta Nacional en la Constituyente.

Para muchos (incluido el Presidente), es catalogado como “ecologista infantil”, y es cuestionado por muchas personas por vivir alejado de la realidad nacional. Carece de habilidades oratorias, y no es la clase de persona que atraiga multitudes por su carisma y don de gentes.

Él mismo ha afirmado en repetidas ocasiones que no le interesa una candidatura a la presidencia de la nación, pero si se juntaran una serie de circunstancias, tendría posibilidades de ganar.

Del lado de la derecha, tanto Gilmar Gutiérrez y su hermano Lucio, como el periodista Carlos Vera, prefieren usar el ortodoxo estilo de la clase que representan, caracterizado por la calumnia, las verdades a medias, la prepotencia y el juego sucio. Vera tiene muy pocas posibilidades, sobre todo por su arrogancia y su carencia absoluta de un discurso sólido, propositivo.

En cambio los Gutiérrez tienen una base popular nada despreciable, al parecer obtenida por obras que realizó Lucio mientras ejerció como Presidente, especialmente en las provincias orientales de la República. Mucha gente humilde de todo el país se identifica con su aspecto físico de hombre del pueblo, y le da su apoyo, oculta detrás del biombo, al pie de la urna.

El hecho de que Gutiérrez haya logrado obtener 1.947.830 votos[9] en las últimas elecciones, dice claramente que hay procesos políticos inconclusos en Ecuador, y eso debería ser una voz de precaución, una luz amarilla para los movimientos de izquierda, que triunfalistamente asumen que tanto el PSP (Partido Sociedad Patriótica) como su máximo líder son cosa del pasado.

Con el antecedente previo, y concluidos los fríos análisis, que podrían  llegar a ser somníferos, podemos examinar mejor lo que ocurriría en el caso de que Rafael Correa falleciese.

ESCENARIO POSIBLE.

Sustitución del mandatario. Naturalmente sería remplazado por Lenin Moreno. Surge aquí una interrogante que en lo personal no logro discernir. ¿Sería Moreno una sorpresa inesperada, positiva por supuesto, para la “Revolución Ciudadana”? Considerando sus antecedentes políticos (en su momento apoyó a Rodrigo Borja de la Izquierda Democrática), es un individuo de izquierda, por lo que no cabría que “derechice” el gobierno. Por ser como es una persona que ha triunfado en luchas personales contra la adversidad, es probable que efectivamente sorprendiese. Sin embargo sus problemas de salud representan un serio inconveniente en cuanto a avanzar en el proceso. Lo peor que se puede esperar de él es que deje transcurrir el tiempo con pocos cambios, en espera de que sus compañeros de Alianza País orquesten una estrategia adecuada para enfrentar la siguiente contienda electoral. Su lealtad fue puesta a prueba el 30 de septiembre de 2010, durante la ominosa rebelión policial.

Mientras tanto la derecha intentaría aprovecharse de la circunstancia realmente grave de una revolución sin su máximo líder (el populismo de Correa pagaría factura en esas circunstancias, y nos tocaría sacar la billetera a los ecuatorianos), en busca de acuerdos para modificar el tablero político a su favor, sin duda utilizando las artimañas de siempre en medios de comunicación: el escándalo, el desprestigio y la demonización. Y ni hablar de la derecha camuflada actualmente en las filas de las Fuerzas Armadas…

Los lugartenientes actuales de Correa serían valiosos en tales circunstancias, por la experiencia e inestimable habilidad política alcanzada, pero la relación existente entre ellos y Moreno no parece ser tan sólida. El detalle importante entonces, sería que Moreno decida renovar su gabinete o dejarlo tal cual, asunto incómodo para quien pretende gobernar a su propia manera. Y más aún entre tanto infiltrado de la derecha.

La carencia de líderes reconocidos popularmente (como habría sido Alberto Acosta, por ejemplo, si él y Correa hubiesen venido de un proceso político conjunto), crearía un vacío que la derecha anda en busca de tapar con un candidato a su medida, y aunque Gutiérrez no es perfecto, es el mejor candidato del que disponen, pese a que en secreto lo desprecien por las mismas razones que la multitud lo estima. Su demonización es un paso que sin duda ha tenido un impacto considerable en la opinión pública, y aunque en buena parte aquello de lo que se le acusa es verdad, la gente hoy en día no cree en nadie: procura informarse bien, y luego emite su veredicto en las urnas.

La “Revolución Ciudadana”, como lo he dicho en anteriores ocasiones, no es un proceso privativo de Rafael Correa; más bien al contrario, él plegó al proceso, y este continuará con o sin su presencia porque es un fenómeno social histórico, y no depende de una persona o de un grupo, sino de la voluntad de todo un pueblo. El problema está en que esta pueda interrumpirse o posponerse debido a un manejo inadecuado.

El problema, más allá de la muerte o supervivencia (incluso política) de Correa, está en lo que ocurrirá en las próximas elecciones presidenciales: ¿Hasta cuándo Ecuador debe arrastrar el populismo como esperanza de desarrollo y cambios positivos? Mientras persista esta anomalía, el concepto de democracia seguirá siendo difuso para las multitudes, y la distribución equitativa de la riqueza el sueño de un perro.

CONCLUSIONES:

  • Las antiguas organizaciones clasistas están enfermas de mediocridad y corrupción; en consecuencia, hoy en día no existen procesos políticos institucionales urbanos en Ecuador, que empiecen desde abajo hacia arriba, de allí la propuesta de crear escuelas de Liderazgo Político. Las organizaciones campesinas han avanzado mucho, pero están empañadas por errores políticos y morales. Como el gobierno no va a trabajar en la formación de estructuras de liderazgo, las organizaciones sociales tienen la obligación histórica de hacerlo.
  • La profundización del proceso de cambio es un asunto que no conviene a la derecha ni al gobierno actual, por la simple razón de que se pretende contentar a la gente con obras, mientras se mantiene un discurso de apertura ilusorio, y en el fondo más bien se busca radicalizar el control político y dispersar la organización social.
  • La derecha, encadenada a sus prejuicios, su prepotencia y vanidad, no atina a pensar claramente, pero asimila que en Gutiérrez hay una brecha que puede serle útil para retomar el poder.
  • Las próximas elecciones presidenciales requieren un candidato que se apoye en el proceso actual de la “Revolución Ciudadana”, y a la vez tenga la voluntad inflexible de iniciar procesos políticos que articulen el poder efectivamente, democratizándolo. Sin duda tomará tiempo lograrlo, pero: ¿Existe tal candidato?

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[1] Plaza Gutiérrez cedió a Colombia, con el tratado Vernaza-Suárez, extensos territorios, a cambio únicamente, según consta en la fuente bibliográfica, de la palabra del gobierno colombiano de no apoyar a los antiplacistas. Se conoce que Plaza era natural de Colombia, pero llegó a ser Presidente del Ecuador gracias a un registro de bautismo falso.

[2] Wikipedia, respecto a la vida de Plaza Gutiérrez

[3] Una Capitulación suscrita no fue respetada, y Plaza Gutiérrez ordena la detención de Alfaro, irrespetando un acuerdo mediado por los cónsules de Gran Bretaña y EEUU.

[4] “¿Queréis revolución? ¡Hacedla primero en vuestras almas!”. Velasco Ibarra.

[5] Artículo en diario Hoy

[6] Vale la pena revisar un artículo en Wikipedia sobre la concepción del populismo

[7] Una frase que utilizó la derecha como una suerte de retorcido eslogan (me es imposible olvidarlo por la manera en que demuestra vanidad y prepotencia) en la época de la Constituyente fue << [señor Correa:] “el cambio no es por ahí”>>. El cambio propuesto era radicalizar el neoliberalismo, pese a que Joseph Stiglitz, economista Premio Nobel 2001, anunciara su muerte en 2009. El salvataje bancario por parte del gobierno norteamericano, luego de la explosión de la burbuja financiera norteamericana es en sí una contradicción con el principio de “libre mercado” (sin intervención del gobierno), lo que implica sin duda el final del capitalismo, tal como estaba conceptuado por EEUU. Para mayor información, recomiendo leer el siguiente artículo.

[8] Según datos que constan en el sitio Web del Consejo Nacional Electoral. La mayoría de votos a su favor no proviene de su provincia, como podría pensarse.

[9] Según el CNE

[10] De acuerdo al CNE. En esa misma elección, Correa obtuvo 3.586.439, de los cuales más de la mitad (1.806.382) fueron votos femeninos.

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